domingo, 1 de enero de 2012

Crisis y relativismo

Fernando Martín Herráez

Cuando el director de la revista me dijo el tema de este mes me produjo una cierta desazón. Parece que es el tema de nuestro tiempo. De hecho, dentro de pocos días tengo que dar una conferencia sobre la crisis… Pero, ¿de qué crisis estamos hablando? He dudado al tratar de calificarla, porque los adjetivos se atropellan detrás de este nombre: económica, financiera, global, moral, de valores…

Se habla mucho de la crisis, demasiado. Basta poner la televisión o abrir las páginas de un periódico para toparse con el tema. Casi siempre la crisis económica o financiera.

Ante esa avalancha de información uno necesita una buena dosis de serenidad y de buen juicio, y por eso aprovecho estas líneas para aconsejar una lectura profunda de la encíclica Caritas in Veritate de Benedicto XVI, porque es quien mejor nos puede orientar en estos momentos de cierta zozobra.

Benedicto XVI retrasó dos años la publicación de esta encíclica para poder dar un juicio más reposado y no de circunstancias. Porque la Doctrina social de la Iglesia es una luz perenne, pero se proyecta sobre un mundo cambiante, valorando a la luz de la Revelación y de la sabiduría humana las claves del momento, sorteando el ramaje de inmediatez y convulsión que impide ver el bosque de un mundo zarandeado por circunstancias dramáticas. La actual crisis financiera es síntoma de una crisis antropológica y moral mucho más profunda. Y Benedicto XVI no quería precipitarse. No es un intelectual de circunstancias. Los dos años de espera merecieron la pena.

Al mismo tiempo el Papa no ha cesado de decir que una de las causas de esta crisis es el relativismo que nos envuelve. Que es un tema recurrente lo prueba que en la homilía de la Misa, con la que daba comienzo el pasado Cónclave, el Decano del Colegio cardenalicio, el entonces Card. Joseph Ratzinger, enunció algunos de los retos que enfrentaría el próximo Papa. En ese mensaje puso especial énfasis en un fenómeno de la cultura contemporánea, al que llamó la «dictadura del relativismo».

Pero no se queda en un diagnóstico negativo y pesimista. La solución está al alcance de la mano. Frente al relativismo tenemos que cultivar un amor apasionado a la verdad.

Al presidir la multitudinaria vigilia de oración en el Hyde Park de Londres, en el año 2010, por la beatificación del Cardenal John Henry Newman, el Papa Benedicto XVI explicó que de este hombre de Iglesia se puede aprender la pasión por la búsqueda de la verdad que sacia el corazón humano.


"He aquí la primera lección que podemos aprender de su vida: en nuestros días, cuando un relativismo intelectual y moral amenaza con minar la base misma de nuestra sociedad, Newman nos recuerda que, como hombres y mujeres a imagen y semejanza de Dios, fuimos creados para conocer la verdad, y encontrar en esta verdad nuestra libertad última y el cumplimiento de nuestras aspiraciones humanas más profundas. En una palabra, estamos destinados a conocer a Cristo, que es ‘el camino, y la verdad, y la vida’".
Frente al pesimismo y la desorientación reinante no nos cansemos de repetir lo que nos recuerda el Papa: Hemos sido creados para la verdad. Que vivamos en coherencia con nuestro ser más profundo.