sábado, 1 de diciembre de 2012

Miradlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará (Ps. 33)

Portada Estar 274
Vengo a anunciaros una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: hoy os ha nacido en la ciudad de David un salvador, el Mesías, el Señor, y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre…” (Lc. 2, 10-12) Sólo tú, Señor, cumples el sueño de todo amante, que es nacer para quien ama. Nadie más que tú ha elegido su forma de nacer… ¡Pero qué elección la tuya…!

Dios nos rompe los esquemas. Completamente. Pero será por y para algo… ¿Qué nos quieres decir con todo esto, Señor? Ángeles y reyes no deberían sorprendernos, incluso el nacer en la ciudad del rey David…, pero el pesebre, los pastores, el viaje de María y José, y que no hubiera posada “para ellos”… Y el someterte a la ley de la circuncisión, y la matanza de los inocentes, y el tener que huir a Egipto…

Dios es humilde. Y no ha encontrado forma mejor de decirnos que nos ama que ponerse en nuestras manos.

Este es el profundo mensaje, la enseñanza incomparable del misterio de la Navidad. Que Dios -que quiere abrazarnos y ser abrazado- nos ha nacido en este Niño. Que nace para nosotros. Que este prodigio inimaginable ha tenido lugar y es por y para alguien: Por y para mí. Por y para ti. Y que si ese es el camino que Él ha seguido para llegar a nosotros, también ha de ser nuestro camino para llegar hasta Él. El camino de la humidad… y la humillación… por amor.

Además, es imposible fingir delante de un bebé. Junto al pesebre, el teatro del mundo suspende su función, y cada cual deja el personaje que representa para ser sencillamente quien es. Y si esto vale para todo niño, ¿cuánto más para Aquel que ha sido puesto a fin de poner en evidencia los pensamientos de muchos corazones? (Lc 2, 34-35) Pero nos pone en evidencia de un modo insospechado. ¿Quién iba a decirnos que mirar el rostro de Dios nos iba a llenar el semblante y el corazón de ternura? Dios es un Dios que no inspira espanto ni vergüenza, sino ternura. Pero que, si le miramos, nos remueve por dentro y puede llegar a incomodarnos. No me puedo permitir vivir en la codicia y el pecado, aspirar a ser autosuficiente, poner mi corazón en el dinero y el éxito social…, y sostener la mirada de este Niño.

La Navidad es Dios que se hace asequible, abrazable, tocable, visible… Y este Dios, lo mismo que ocurre con un bebé, ansía que sólo tengamos ojos para Él.

Una de las cosas que enseña la Navidad es que podemos volver a nacer. Por el perdón, por la conversión. Puedo volver a nacer en Cristo si le dejo a Él nacer en mí. Si le miro y me dejo mirar por Él. Y eso es la Navidad: “Miradlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará”.

Dice también el Evangelio que “no había sitio en el mesón para ellos”. Hay veces en que yo no quiero que la Navidad acontezca. No le dejo a Dios nacer en mí. No dejo espacio, no tengo tiempo para él. Otras cosas ocupan su lugar. Son ídolos. Son mentira. El espacio y el tiempo son trabajo de amor. Quien ama hace sitio, quien ama saca tiempo.

Vivamos así nuestra Navidad. Os propongo también que en vuestras felicitaciones navideñas animéis a los vuestros a dejar a Cristo nacer en su vida por la fe, por el perdón, por la conversión… por la Navidad. Decid a todos: “Miradlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará”. Es una forma de evangelización en este magnífico Año de la Fe. Así pues, ¡miradlo, y muy feliz Navidad!

El buey y la mula ante el misterio

Por Santiago Arellano Hernández
Se acercan las fiestas de Navidad. Dirigid vuestra mente y corazón al momento en que San Francisco de Asís recobró en Greccio el candor de la primera noche santa. Era el año 1223. En ese momento nacieron los belenes. Un candor que ha definido las celebraciones navideñas y que sigue presente en las familias fieles consecuencia de contemplar en María y José y en el Niño el prodigio del Dios indefenso que se ha hecho uno de nosotros, Emmanuel.
Enseñaba el cardenal Ratzinger “El que no haya entendido el misterio de la Navidad, no ha entendido lo que es más decisivo y fundamental en el ser cristiano. El que no ha aceptado eso, no puede entrar en el reino de los cielos”. Concluye el artículo citado: “los que participaron en la celebración de Greccio, todos regresaban a sus casas llenos de alegría.” Alegría que hemos sentido en nuestras casas y antítesis de un sentir generalizado que confiesa hoy que la Navidad es la época más triste del año.
Selecciono dos fragmentos que ponen el dedo en la llaga de la apostasía a la que estamos asistiendo del artículo “La mula y el buey junto al pesebre” en la referencia anteriormente citada. ¿Conocemos el sentido profundo de la mula y del buey, por ejemplo, en nuestros belenes? No hay sólo pobre expresión de nuestros sentimientos. Hay belleza y simbolismo que realzan la buena nueva de la Navidad.
Escribe Ratzinger: “El buey y el asno no son simples productos de la fantasía; se han convertido, por la fe de la iglesia, en la unidad del Antiguo y Nuevo Testamento, en los acompañantes del acontecimiento navideño. En efecto, en /Is/01/03 se dice concretamente: «Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento».
Los padres de la iglesia vieron en esas palabras una profecía que apuntaba al nuevo pueblo de Dios, a la iglesia de los judíos y de los cristianos. Ante Dios, eran todos los hombres, tanto judíos como paganos, como bueyes y asnos, sin razón ni conocimiento. Pero el Niño, en el pesebre, abrió sus ojos de manera que ahora reconocen ya la voz de su dueño, la voz de su Señor.”
“¿Pero le reconocemos realmente? Cuando nosotros ponemos el buey y el asno en el portal, deben venirnos a la memoria aquellas palabras de Isaías, las cuales no son sólo evangelio -promesa de un conocimiento que nos ha de llegar- sino también juicio por nuestra ceguera actual. El buey y el asno conocen, pero «Israel no tiene conocimiento, mi pueblo no tiene inteligencia».
¿Quién es hoy el buey y el asno, quién «mi pueblo», que está sin inteligencia? ¿En qué se conoce al buey y al asno y en qué a «mi pueblo»? ¿Por qué se da el fenómeno de que la irracionalidad conoce y la razón se halla ciega?”
El festejo familiar que acompañó a la Navidad era una manifestación externa de la inmensa alegría que supuso para la humanidad la presencia de Dios, Niño indefenso entre los hombres. El banquete expresa nuestras alegrías verdaderas. Cuando desaparece la causa, el banquete se convierte en orgía, y la alegría en tristeza.
Os ofrezco para vuestra piedad y deleite la pintura “La adoración de los Reyes Magos” de Rogier van der Weyden. Un prodigio de creatividad y fidelidad a lo esencial. La representación no pretende llevarnos al misterio que sucedió sino que, como ocurre cada año, el gran misterio se vuelve a producir aquí y ahora, en cada momento de la historia. No se trata de un anacronismo, sino de una actualización. El portal no es la cueva. Rodeado de edificios, en medio de la ciudad medieval vuelve el a vivirse el misterio. Mucha teología y no menos reflejo de una sociedad. También en el portal preside el crucifijo, razón de todo. Ved la mula y el buey. Están atentas sus orejas. Sus ojos están atentos. Miran como humanos. Entienden el suceso y adoran.

Ante el portal

Fernando Martín Herráez
Navidad 2012. Se acerca un año más la celebración de la Navidad y nos gustaría prepararnos para entrar en el misterio. Desde hace tiempo todos los años me quedo con la sensación de que me detengo en la superficie, que merodeo por los alrededores pero que no entro en el portal, que soy un espectador, un transeúnte, pero no un sencillo pastorcillo que se acerca al pesebre, se arrodilla ante el misterio del Dios encarnado y adora a su Señor.
Por eso este año he decidido dedicar el Adviento a prepararme para ese momento. Y uno de los propósitos ha sido leer el tercer tomo de la trilogía sobre Jesús de Nazaret, dedicado a la infancia de Jesús, con el que nos ha querido regalar el Papa. Como sabía que estaba a punto de publicarse el libro, y recordando el bien que me hizo la lectura del primer tomo, he vuelto a releer algunos pasajes que tenía subrayados, y me ha ayudado a prepararme para entrar en el misterio de la Encarnación.
En el capítulo dedicado al Evangelio del Reino de Dios, el Papa comenta que “el contenido central del Evangelio es que el Reino de Dios está cerca. Se pone un hito en el tiempo, sucede algo nuevo. Y se pide a los hombres una respuesta a este don: conversión y fe”.
Son reflexiones que me llevo en el zurrón para entrar en el portal. Porque esas palabras se iluminan al meditarlas delante de Jesús Niño: El Reino de Dios está cerca. Se ha hecho presencia humana y se ha acercado hasta nosotros. El que es eterno ha entrado en el tiempo y permanece…
Un poco más adelante del texto citado, Benedicto XVI habla de tres dimensiones que los Padres de la Iglesia han destacado al interpreta la expresión Reino de Dios. Una primera dimensión es cristológica: el Reino no es una cosa, no es un espacio de dominio; es una persona, Jesucristo. La segunda dimensión es mística, considera que el Reino de Dios se encuentra en el interior del hombre; allí crece y desde allí actúa. Y la tercera dimensión es eclesial: los Santos Padres identifican y ven similitudes entre el Reino de Dios y la Iglesia.
Ya tengo el zurrón bien cargado con las reflexiones del Papa y vuelvo a saborear en el corazón, como lo hace la Virgen, las palabras de antes: sí, el Reino de Dios está cerca. Y de rodillas adoro a mi Dios encarnado, siento cómo su presencia crece en mi interior y continúo amando a mi Iglesia.
Ya sólo me queda una cosa más. Lo que dice el Papa al final de la cita: “Y se pide a los hombres una respuesta a este don: conversión y fe”. Nada más y nada menos: Creer en Jesucristo y cambiar de vida.
Ya puedo volver al portal. Ya no soy un mero espectador, o un transeúnte o un turista, soy un peregrino que sabe lo que busca. Para todos vosotros, para vuestras familias y amigos,
FELIZ NAVIDAD.

¿Fidelidad? ¡Sí, es posible!

Para contrarrestar tantos casos de infidelidad que desgraciadamente nos dan a conocer todos los medios de comunicación, vamos a dar nuestro testimonio.
Somos un matrimonio, Antonio y Toñi, que llevamos 52 años de fidelidad.
Hace dos años celebramos las bodas de oro en Fátima toda la familia, excepto nuestras hijas Lola, Misionera de la Caridad y Almudena, Carmelita descalza. Fueron tres días dando gracias a Dios y a la Virgen, días de gran gozo espiritual que creíamos insuperables; pero tenemos unos hijos que nos han sorprendido con dos días de cielo en Zarautz.
Hemos celebrado los días 1 y 2 de septiembre, en el monasterio de las carmelitas descalzas, las bodas de plata de nuestras hijas: Inmaculada, Esclava de Cristo Rey, Almudena, carmelita descalza y Mª Pilar, Cruzada de Santa María (ésta última había hecho las bodas de plata hacía 4 años, pero no lo habíamos celebrado en familia).
La ceremonia consistió en una Eucaristía (Acción de Gracias) que resultó brillantísima, en la que renovaron las tres sus votos, y que fue presidida por nuestro hijo Eduardo, sacerdote, acompañada de órgano y cantada por todos -pues el Señor nos ha dotado de buenas voces-, y participada en lecturas, preces y ofrendas por hijos, hijos políticos y nietos (por ahora son ocho nietos).
Como colofón se leyó con gran emoción la acción de gracias que desde Calcuta nos envió Lola, nuestra hija misionera de la Caridad.
Cuando en el locutorio íbamos a proyectar un video que había realizado Mary Carmen, nuestra hija casada, sobre las distintas etapas de la vida de las homenajeadas, se presentó para felicitarnos el Obispo de San Sebastián, Monseñor Munilla. Compartió con nosotros la velada y se despidió dándonos la bendición.
El domingo celebramos otra Misa solemne, familiar, en la que al final cantaron todos los nietos una canción a la Virgen.
A las dos Eucaristías asistieron la comunidad de carmelitas, que estuvieron en todo momento atentas a todo lo que nos hiciera falta y nos obsequiaron con unos suculentos pinchos que nos sirvieron de cena. También participaron algunos familiares de las carmelitas.
Nos queda por reseñar la fidelidad de nuestros hijos Antonio, Miguel Ángel y Mary Carmen con sus respectivos cónyuges, Sonia, Gema e Iván que están siendo fieles a su matrimonio y esperamos que a partir del 6 de octubre también empiecen a ser fieles en su matrimonio nuestro hijo Jesús Mª y su novia Mar.
No podemos expresar con palabras las bendiciones que el Señor y la Virgen Santísima han derramado en nuestros corazones, ni sabemos cómo agradecerles tantos beneficios y maravillas como Ellos han obrado en nosotros.
Alabado sea Dios que nos hace vivir estos momentos de intenso amor familiar que se convierten en una inmensa felicidad.
Antonio Toraño y Toñi López


Experiencia: ¿Cuestión de años?

Abilio de Gregorio
Es frecuente que, ante el espectáculo del implacable avance de los años hacia la senectud, los espectadores más discretos y bienintencionados, en vez de poner de manifiesto las mermas y carencias del anciano, apelen a la supuesta experiencia adquirida por el paso de los años y, en consecuencia, a una suerte de sabiduría orgánica connatural a las canas y a las arrugas.
Sin embargo, es preciso insistir en el hecho de que el frívolo y superficial puede vivir un siglo completo sin adquirir experiencia. Ésta, en esencia, no es sino realidad reflexionada. Lo sustancial, pues, no es la realidad vivida: lo que produce experiencia y sabiduría es la reflexión sobre la realidad vivida. Los años, los aconteceres, pues, nos pueden enseñar para mejorar o nos pueden degradar.
Esta era la lección que leíamos hace unos días con un pequeño grupo de adolescentes militantes visitando en Salamanca la ruta del Lazarillo. Es la historia del muchacho que transita desde la inocencia a la desvergüenza, como antes había transitado el ciego hasta llegar a la desconfianza y a la crueldad. La vida, vivida desde la inercia, desde la simple supervivencia defensiva, sin reflexión y sin intención de dirigirla, no queda bonificada por el paso del tiempo, sino que tiende naturalmente a malearnos.
Y la reflexión es preciso hacerla al declinar de cada día en un balance evaluador confiado y esperanzado en el Dios que nos sostiene sobre el eje de una cuestión fundante y fundamental: ¿Para qué me sucede hoy esto? Ello me enseñará a buscar y a dar sentido a cuanto ocurre y me ocurre. Reflexión que es conveniente hacerse sin buscar los burladeros de la responsabilidad ajena: la familia que tocó en suerte, la situación económica, los educadores profesionales, la sociedad, etc. Cualquier contratiempo, todo “handicap”, es una oportunidad de construirse y apela a la reserva de libertad de la que todo ser humano dispone, incluso en las situaciones más adversas.
Calderón de la Barca en El gran teatro del mundo se plantea el dilema libertad-predestinación, tan vivo en las disputas teológicas de la época. Su propuesta, siguiendo la tesis del jesuita P. Molina, salva siempre la libertad humana. Como en una representación dramática, el director (Dios) reparte los papeles a cada uno: éste hará de rey, este otro de mendigo, aquél de noble, el de más allá de villano, etc. Es cierto que el papel nos es dado. En ello no hay mérito alguno. Cada cual queda instalado en una circunstancia de la que no es responsable. Pero lo relevante no es el papel asignado, sino cómo se representa en el gran teatro del mundo o de la vida. Y eso sí es responsabilidad del actor. Puede haber una desastrosa representación de rey y una apoteósica interpretación de mendigo.
Esto forma también parte sustancial de lo que en alguna otra ocasión hemos denominado en estas páginas “educación para la realidad”. Ante la realidad de cada día no nos podemos esconder ni con utopías evasivas ni con proyecciones negacionistas. Una educación en espíritu de exigencia, de combatividad, de voluntad reflexiva y de constancia supone mirar de frente a los ojos de la realidad, aguantar firmes su mirada y volver a empezar, si es preciso. Sólo así se adquiere experiencia y, quizás, hasta sabiduría. Y para ello no es preciso esperar a peinar canas.

"Semos" humanos

Por Antonio Vera
(Cuatro escenas de hoy. Cualquier desgraciado parecido con la realidad es pura coincidencia:)
Cuando a Pepe Lotero, ese excepcional pivote del equipo de balonmano del colegio, le echaron del campo por insultar al árbitro y amenazarle con decírselo a su padre –que debe de ser director general del universo, o caballero Jedi o algo así- para que le hiciera no sé sabe bien qué (“usted no sabe con quién está hablando, so andropáusico”, le dijo el muy dandy...), un grupo de sesudos espectadores que contemplaba el partido comentó: hay que comprender la reacción del muchacho, es muy humano.
Pilar Guirucha era la mejor rematadora por zona 4 del equipo de voley femenino de su curso. Cuando el sábado pasado dejó plantado al equipo por irse a esquiar a la estación Vaquería Peret su amiga de la infancia, Claudia Jannette, comentó en la tertulia literaria de los viernes en Yellow: essque ssomoss humanoss. El entrenador debía ssaber que ess essencial esse viaje para ssu autoesstima.
En la serie juvenil de los jueves tarde (esa en que los actores-alumnos de 4º de la ESO tienen cara de 25 años, problemas de 28 y conversaciones de 12) Manuel Alfredo es un abogado de éxito que tras 11 años de matrimonio y dos churumbeles empieza a dudar de que alguna vez estuvo enamorado de Rosalía Pinto, su esposa. Ella, por su parte, comienza a sentir el peso de la rutina, lo que los psicólogos aficionadillos llaman “la crisis de los 10 años”(esa que va después de la crisis de los 9 y antes de la de los 11). Sus amigas de la merienda de la cafetería Alaska de los jueves, mientras esperan a que los niños salgan del Instituto Alemán, le recomiendan que se separe, que necesita autorrealizarse, que pensar así es muy humano.
Iván Trecegoles nos ha salido cleptómano. En su casa nunca le faltó de nada, hasta le compraron un móvil con 9 años para que hablase con sus amigos, pero resultó que sus amigos no tenían todavía móvil. Después de años llevándose lo que no es suyo le pillaron mangando en unos grandes almacenes. Su padre, al ir a buscarle a comisaría intentó convencer a los agentes con el curioso argumento de: ¿quién no ha robado nunca en unos grandes almacenes?: es muy humano.
Los Zalamea Pérez-Gómez son una familia muy liberal. Tienen multitud de ocupaciones pero no tienen tiempo para escuchar las batallitas del abuelo; así que el pobre sólo habla con el mayordomo y con Di Stefano, el galápago que tiene por mascota, cuando aquél no está. El otro día se reunió toda la familia y han decidido (muy democráticamente, eso sí) meterlo en un asilo para que esté con gente de su edad. No hubiera sido necesario, aún era autónomo y podría incluso vivir solo. Los vecinos del 4º izquierda, el domingo durante la comida comentaron: es muy humano tomar una decisión así.
¿Qué es lo que nos hace verdaderamente humanos: la irresponsabilidad, el sentimentalismo ñoño, la mentira, el egoísmo o la superficialidad? ¿O no será más bien que somos más humanos, más personas, más grandes por dentro cuando se manifiesta la capacidad de sacrificio, el compromiso, la ternura, la lealtad, la honradez, el trabajo, la gratitud hacia los mayores, en definitiva, la bondad?
Acaba el año 2012. A la vuelta de la esquina está el nuevo año. Es el momento del balance y de los propósitos. Para el 2013 ¿no podríamos proponernos ser simplemente seres humanos? En este mundo donde la crisis afecta a todos y cada vez hay más personas solas, explotadas, rotas. Hoy en día sólo nos preocupa el dinero y los bienes materiales, mientras que la dignidad de las personas se está cotizando a la baja. La Navidad nos recuerda que Dios se hizo niño para reconocernos a cada persona esa dignidad humana infinita que nos regaló Aquel que nos soñó desde siempre un poco menos que dioses.

Las cinco vírgenes

Una vez un niño salió a jugar al bosque, pero una terrible ventisca le sorprendió mientras intentaba volver a su hogar, desviándole del camino y haciéndole imposible la orientación, de modo que quedó perdido entre un mar de nieve, viento y árboles. Vagando sin rumbo en busca de un refugio el niño se encontró con una vieja iglesia abandonada en medio del bosque y se metió en ella.
La iglesia no era muy grande y estaba completamente vacía, a excepción de cuatro imágenes de cuatro vírgenes con cuatro cirios y cuatro placas grabadas a sus pies. El niño movido por la curiosidad se acercó a ellas.
La primera tenía un mazo y un libro en sus manos y la llama de su cirio era débil. En la placa que había bajo sus pies estaba grabado: “Yo soy la llama de la Justicia, yo soy la que iguala a los hombres y media entre ellos, pero ya no se me respeta y me apago”. Cuando el niño miró el cirio, estaba apagado.
La segunda tenía un pan partido en sus manos. Igualmente, la llama de su cirio era débil. En la placa rezaba: “Yo soy la llama de la Caridad, yo soy la que hace que los hombres se preocupen por sus semejantes, pero no se me respeta y me apago”. Y se apagó.
La tercera era muy pequeña pero muy hermosa, tenía un corazón en sus manos y en la placa iluminada por la frágil luz de su cirio se leía: “Yo soy la llama del Amor. De todos los sentimientos humanos soy el más poderoso y el más puro, pero no se me respeta y me apago”. Y la llama del Amor quedó apagada.
La última virgen era una portentosa figura que portaba una cruz en sus manos. El cirio era más grande pero la llama que lo coronaba igual de débil que las otras. En la placa ponía. “Yo soy la llama de la Fe. Soy la que mueve el alma de los hombres, pero no se me respeta y me apago”. Y la llama del suntuoso cirio quedó apagada.
El niño se alejó de las imágenes, preocupado y decepcionado, preguntándose qué podría hacer en aquella situación. Atrapado y desesperado, no veía solución ninguna hasta que se percató de que tras las cuatro vírgenes, tapada por éstas, había una quinta figura que brillaba. El niño se acercó a ella.
Era una imagen pequeña pero muy hermosa. En sus manos lucía una estrella y en su rostro una fulgurante sonrisa. El cirio de esta virgen ardía con gran fuerza, con una llama firme y grande y la placa a sus pies decía. “Yo soy la llama de la Esperanza. Aunque no se me vea, siempre estoy ahí. Mientras yo me mantenga encendida nada está perdido”.
El niño, entonces, tomó el cirio de la Esperanza y con él encendió los de las otras imágenes, que adquirieron tanta fuerza como su llama mientras, afuera, la ventisca remitía.
Versión de Edgar J.G.

Navidad explicada y vivida en familia

P. Tomás Morales SJ
La familia será siempre la mejor educadora y transmisora de la fe. Toda madre tiene un corazón sacerdotal, decía Paul Claudel pensando en Mamá Margarita, la madre de Don Bosco. Todo padre compenetrado con su mujer participa en esta sagrada misión sacerdotal. El sacramento del matrimonio comunica a los cónyuges incesantes ayudas sobrenaturales para cumplir tan delicada y trascendental misión.
Un padre me cuenta lo que hizo un 24 de diciembre. «Hablo -dice- de la Navidad con mis tres hijos mayores. Navidad es el Nacimiento del Amor en el mundo. Dios hecho un Niño aparece entre nosotros para darnos ejemplo de vida y redimirnos. A continuación vamos eligiendo varios textos del Evangelio, a través de los cuales nos situamos en el contexto histórico y los principales momentos. Así van apareciendo el anuncio del empadronamiento; el viaje a Belén; la llegada al establo, porque no había para ellos lugar en el mesón; el Nacimiento; el anuncio a los pastores y su marcha llevando sus ofrendas. Y todo esto intercalado de algunos villancicos que suele entonar su madre y que todos cantamos.
»Al final les pregunto: ¿Qué debe representar para nosotros la Navidad? Una gran alegría, un gran agradecimiento a Dios por su derroche de amor. Un olvidarnos de nosotros y acordarnos de los demás. Los pastores se desprendieron y volvieron gozosos. ¿Por qué no hacer nosotros otro tanto? Uno de ellos dice: yo puedo sacar el dinero de mi hucha y darlo a los pobres. Y yo el mío, dicen los otros dos. Y dicho y hecho. Rompen sus huchas de plástico, las envuelven en un papel y vamos al encuentro de los pobres.
»De pronto encontramos a unos muchachos que piden al público para las familias pobres de un suburbio de Madrid.
Los niños llegan allí y depositan uno a uno sus huchas. El muchacho avisa a otro compañero más alejado que estaba con un micrófono. El del "micro" comienza a pregonar la acción de los pequeños, para que se anime el público. Nosotros, los padres, escondidos como a unos cien metros detrás de un coche, llorando de alegría. ¡Ah, los padres también nos habíamos desprendido para vivir la Navidad! ¡Qué felices regresamos a casa y qué bien entendieron los niños el gozo de los pastores! ¡Fue una Navidad enormemente feliz! La cena con algunos dulces y turrones, pero sin necesidad de gastar demasiado. No hay que dejarse llevar de la sociedad de consumo, sino del ejemplo del Evangelio».
Una madre de nueve hijos me refería, llena de emoción, lo que había hecho ese mismo día. «He compuesto una obrilla de teatro basada en textos del Evangelio. Tres actos, que terminan con canto de villancicos cada uno de ellos y con preguntas que interpelan. Los actores son los propios niños. También acuden amigos y vecinos de su edad. Al final, el que hace de relator dice: "los pastores se desprendieron y volvieron gozosos; ¿qué debemos hacer nosotros?"
»Antes los padres habíamos hablado ya a los niños, y después de la obrilla se pregunta por lo que debemos hacer los demás. Y todos deciden desprenderse de una parte de sus ahorros, para visitar un orfanato que está próximo y llevar su donativo a las niñas pobres, para alegrarles la Navidad. El de tres años también lleva en un pequeño plástico cerrado con una goma sus pequeños ahorros. Los padres también hacen su aportación. Algún otro matrimonio que se entera se une a ellos con sus hijos. Y esto se viene repitiendo cada año. Ya les esperan en el orfanato, donde también se canta un villancico al Niño Jesús. ¡Qué Navidades tan felices!»
Hora de los Laicos

jueves, 1 de noviembre de 2012

El más hermoso rostro de la Iglesia

Portada Estar 273
Mira que a veces nos ponemos críticos con todo, o casi todo, y también con la Iglesia, que es un deporte de práctica muy general. Y cuando andamos en este plan, solemos ser muy duros con ella, porque venimos a juzgar el comportamiento de tal o cual persona, o de tales o cuales grupos, o del clero, o de los obispos, o qué se yo. (O sea, los demás. A menudo se nos olvida practicar aquello de los golpes de pecho, poniendo nuestros fallos y deficiencias por delante; no, suelen ser más bien los demás los que dan mal ejemplo…)

Total, que, mirando el lado humano de nuestra madre la Iglesia, concluimos que, como decía  Martín Descalzo, “este batallón de mediocres, que somos la mayoría, no representa lo que Jesús quiso dejar en el mundo”.

Pues seguramente será verdad. Pero no es toda la verdad, ni mucho menos la parte más importante de la verdad. A lo mejor un día nos llevamos la gran sorpresa. Porque, como vuelve a decir el recordado escritor y sacerdote, “por fortuna, dentro de ese batallón de mediocres florecen con bastante abundancia los santos, que son, ellos sí, el rostro más hermoso de la Iglesia, la honra de nuestra fe, los que nos permiten presentarnos ante el mundo sin demasiada vergüenza.”

Ellos son nuestra vanguardia, una legión inmensa de hombres y mujeres cuya vida y cuya muerte -coronación de su vida- demuestran que Cristo no luchó en vano. Santos conocidos y desconocidos, grandes  figuras que asombraron al mundo y gente humilde que sólo iluminó una casa, una familia o un pueblo. Reyes y labradores, madres de familia heroicas y políticos honestos y prudentes, pontífices señalados y humildes religiosos, abuelos y abuelas laboriosos y niños inocentes, mártires de la sangre y del gris anonimato cotidiano. Muchos de ellos pecadores sin adornos, al estilo del buen ladrón. Son nuestros mejores amigos, el tesoro, el más hermoso rostro de la Iglesia.

Y lo mejor de los santos, seguramente, es que como suele decirse, no sólo son admirables, sino también imitables. Es lo de san Ignacio de Loyola: “Si ellos lo hicieron, ¿por qué yo no?” Porque no eran de una raza especial. Aunque suene a paradoja podría decirse que no tenían “madera de santos”… tuvieron muchos de ellos caídas y recaídas, sólo que no se cansaron nunca de estar empezando siempre para intentar agarrarse con todas sus fuerzas a Cristo.

El III Encuentro Laicos en Marcha, que ha tenido lugar en Getafe como un inicio de este Año de la Fe, ha venido a recordarnos esa gran verdad que el Concilio Vaticano II anunció a los cuatro vientos, y que es, ni más ni menos, la moraleja del Evangelio: “Todos los fieles cristianos de cualquier condición y estado… son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto  el  mismo Padre.” (Conc. Vaticano II, Lumen gentium, 11) Es la llamada universal a la santidad.

Pero si somos llamados, es que podemos. Dios, decía Juan Pablo II, no llama a los capaces, sino que hace capaces a los que llama.

Hemos elegido para el tema de portada de este número un texto precioso del siervo de Dios P. Tomás Morales, pensado y escrito para servir de meditación ante la solemnidad de Todos los Santos, con la que comienza este mes. La conmemoración de los amigos de Dios, que son también nuestros mejores amigos, nos dé impulso para vivir con “temple martirial”, como los primeros cristianos.

Vivamos este Año de la fe, todos y cada uno, estemos donde y como estemos, agarrándonos con fuerza a Cristo. Hemos sido llamados, convocados a participar de la belleza de su rostro.

Frente a la santidad, el vicio

Santiago Arellano Hernández

En 1714 Robert Mandeville (16701733) reditó, bajo el título Fábula de las abejas, el texto que ya había sido publicado anónimamente en 1705, un folleto de 26 páginas, que iba a dinamitar el orden moral. Es uno de los precedentes más claros del nuevo hombre que se predica desde la Ilustración.

El poema busca desacreditar la primacía de la virtud sobre el vicio. Anuncia a Hume o al todavía más demoledor Nietzsche.

El argumento es simple: una sociedad feliz deja de serlo cuando algún puritano quiere recuperar las buenas costumbres y la buena imagen de la sociedad persiguiendo el vicio y propiciando la virtud. Sólo el vicio impulsa el progreso.

El poema comienza describiendo, bajo la metáfora de una colmena, una sociedad feliz:


“Un gran panal, atiborrado de abejas
que vivían con lujo y comodidad,
 
En esta sociedad son los vicios los que hacen prosperar a la ciudad, y más cuanto el vicio tenga más poder. No se trata ni de la sátira ni de la caricatura mordaz. No. Es exaltar sin pudor ni paliativos que apartar de los vicios a las personas es conducirlas a la desgraciada pobreza y a la tristeza. Es el egoísmo individualista el origen de toda prosperidad.


... Los abogados, cuyo arte se basa
en crear litigios y discordar los casos,
... Deliberadamente demoraban las audiencias,
para echar mano a los honorarios;
... Los médicos valoraban la riqueza y la fama
más que la salud del paciente marchito
pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan
por hacer de un gran panal un panal honrado.
...Y la misma Justicia, célebre por su equidad,
aunque ciega, no carecía de tacto;
su mano izquierda, que debía sostener la balanza,
a menudo la dejaba caer, sobornada con oro
... El curioso resultado es que mientras
cada parte estaba llena de vicios,
sin embargo todo el conjunto era un Paraíso.


Júpiter decidió cambiar el deplorable estado de la sociedad. La consecuencia fue el colapso de la prosperidad:


Pero, ¡oh, dioses, qué consternación!
¡Cuán grande y súbito ha sido el cambio!
Los tribunales quedaron ya aquel día en silencio,
porque ya muy a gusto pagaban los deudores.
... Quienes no tenían razón enmudecieron,
... con lo cual nada podía medrar menos
que los abogados en un panal honrado.
... La Justicia, no siendo ya requerida su presencia,
con su séquito y pompa se marchó.
.……..


La moraleja es demoledora:


“Querer gozar de los beneficios del mundo,
y ser famosos en la guerra, y vivir con holgura,
sin grandes vicios, es vana
utopía en el cerebro asentada.
Fraude, lujo y orgullo deben vivir
mientras disfrutemos de sus beneficios.
 
No se trata de denunciar, sino de exaltar sin hipocresía, no el ideal del hombre moderno. No existen límites morales. El fraude como estímulo del crecimiento económico y social se ha convertido en un axioma indiscutible. Con cinismo sobrecogedor el autor proclama “Fraude, lujo y orgullo deben vivir mientras disfrutemos de sus beneficios.” ¿Es otro el fundamento moral de nuestro tiempo?

Os propongo que en clave de luz y sentido contrapongamos a la “Fábula de las abejas” la contemplación de las tentaciones que el diablo le hizo a Cristo en el desierto, tal como la encontramos en el tímpano izquierdo de la puerta de Platerías en Santiago de Compostela. Su candorosa imaginería nos permitirá entender lo que le está ocurriendo a nuestro mundo. Piedras que se convertirán en pan; milagros espectáculos y el dominio de la tierra. Recordad la respuesta de Nuestro Señor y comprenderemos la fábula.