martes, 1 de noviembre de 2011

Familia y lógica del don

Fernando Martín Herráez

Entre las enseñanzas que nos ha dejado Benedicto XVI en su reciente encíclica social Caritas in veritate, destaca la llamada “lógica del don”.

El capítulo tercero, uno de los más originales de la encíclica, es donde desarrolla este concepto. El Papa destaca la importancia que el "don", algo recibido y gratuito, tiene en la vida de los hombres, frente a la tentación de autosuficiencia que ignora la evidencia del pecado original.

Este concepto lo aplica a la actividad económica. Entiende que la economía es una actividad humana y por ello ética. Junto a la "lógica del intercambio contractual" propia del mercado, y a la "lógica de la política" propias de los gobiernos, la vida económica necesita la "lógica del don sin contrapartida". Mercado, Estado y sociedad civil deben articular la actividad económica. La solidaridad requiere el protagonismo sobre todo de la sociedad civil y la apertura a una economía de comunión: "tanto el mercado como la política tienen necesidad de personas abiertas al don recíproco".

En una audiencia reciente a los miembros de la FundaciónCentesimus Annus - Pro Pontífice” que habían tenido un encuentro titulado “familia y empresa”, el Papa ha vuelto a hablar de la “lógica del don”. Benedicto XVI ha querido subrayar que coinciden en este año el 20 aniversario de la Encíclica Centesimus Annus del beato Juan Pablo II, publicada a 100 años de la Rerum Novarum, y también el 30 aniversario de la Exhortación apostólica Familiaris Consortio.

“El amor entre el hombre y la mujer en el matrimonio; el amor entre los miembros de la misma familia: entre padres e hijos, entre hermanos y entre parientes, está animado y sustentado por un interior e incesante dinamismo, que conduce a la familia a una comunión cada vez más profunda e intensa, fundamento y alma de la comunidad conyugal y familiar”.

"Y es sobre todo en la familia donde se aprende que la manera justa para vivir en el ámbito de la sociedad, en el mundo del trabajo, de la economía, de la empresa, deber ser guiado por la caritas, en la lógica de la gratuidad, de la solidaridad y de la responsabilidad de los unos con los otros".

La familia se convierte, desde esta perspectiva, en sujeto activo, capaz de recordar el “rostro humano” que debe tener el mundo de la economía.

"Es necesario, por lo tanto, una nueva síntesis armónica entre familia y trabajo, en la que la doctrina social de la Iglesia puede ofrecer su preciosa contribución. En la Encíclica Caritas in veritate, he subrayado como el modelo familiar de la lógica del amor, de la gratuidad y del don ha de extenderse a una dimensión universal. La justicia conmutativa -“dar para tener”- y la justicia distributiva -“dar por deber”- no son suficientes en el vivir social. Para que haya una verdadera justicia es necesario añadir la gratuidad y la solidaridad”.

“La solidaridad no puede delegarse al Estado, porque todos somos responsables de todos. Hoy ni tan siquiera puede realizarse la justicia, sin gratuidad solidaria”.

"En este caso, caridad en la verdad significa la necesidad de dar forma y organización a las iniciativas económicas que, sin renunciar al beneficio, quieren ir más allá de la lógica del intercambio de cosas equivalentes y del lucro como fin en sí mismo. El mercado de la gratuidad no existe y no se pueden legislar disposiciones gratuitas. Y sin embargo, tanto el mercado como la política tienen necesidad de personas abiertas al don recíproco".

Sería bueno que ahora que se cumplen estos aniversarios que nos ha recordado el Papa volviéramos a leer la Familiares Consortio, y tratáramos de de hacer realidad, por medio de iniciativas, esa lógica del don que ya allí se perfilaba. Esa es una tarea propia de los laicos.