jueves, 1 de septiembre de 2011

JMJ: gestos y palabras de Benedicto XVI

Fernando Martín Herráez

Ha sido una bendición, ¿verdad? Este era el comentario de muchos de los que volvíamos de vuelta a casa en la noche de Cuatro Vientos. Lo de la tormenta era una anécdota para recordar y sonreír, las dificultades de acceso y organización otra más, lo importante es lo que ardía en el corazón.

Cuando me pongo a escribir estas líneas y trato de sintetizar algunas ideas, muchas vivencias de los días de gracia de la JMJ vuelven a mí. Pero me quedo con algunos gestos y palabras del Papa.

Las palabras son las que pronunció en Cuatro Vientos, tanto en la Vigilia como en la Misa, en la cita tan esperada y que no defraudó.

En primer lugar nos dejó una afirmación que merecería la pena esculpir en piedra: “Dios nos ama. Esta es la gran verdad de nuestra vida que da sentido a todo lo demás”. Y una promesa: “Si permanecéis en el amor de Cristo, arraigados en la fe, encontraréis, aun en medio de contrariedades y sufrimientos, la raíz del gozo y la alegría.” Una afirmación y una promesa que permiten construir una existencia cristiana con fundamento.

Consciente de estar ante millones de jóvenes, los que estaban allí, y los que le han seguido por los medios de comunicación, es decir delante de aquellas personas para las que la vida es sobre todo un proyecto de futuro asentado en el presente, les hizo cuatro invitaciones para un proyecto de vida cristiana:

1ª.- Invitación a una relación personal con Jesús: “Respondedle con generosidad y valentía… Decidle: Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone.”

2ª.- Invitación a seguir a Cristo, en la Iglesia: “Permitidme que, como Sucesor de Pedro, os invite… a poner a Cristo, el Hijo de Dios, en el centro de vuestra vida. Pero permitidme también que os recuerde que seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario.”

3ª.- Invitación a ser apóstoles de los jóvenes: “No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe”.

4ª.- Invitación a descubrir la llamada personal del Señor: “Os invito a pedir a Dios que os ayude a descubrir vuestra vocación en la sociedad y en la Iglesia y a perseverar en ella con alegría y fidelidad. Vale la pena acoger la llamada de Cristo y seguir con valentía el camino que Él nos proponga”.

Pero si tengo que quedarme con un momento de esta JMJ sería con algo que viví en la noche de Cuatro Vientos. Fue cuando la tormenta y el viento arrecieron y estuvo a punto de suspenderse definitivamente el acto. En las pantallas no veíamos al Papa, sólo un paraguas blanco que se esforzaba inútilmente por intentar protegerle. Ante la situación de riesgo que se estaba viviendo se vio que varios monseñores y ayudantes se acercaban al Papa. Nos empezamos a temer lo peor. Pero en medio de aquel desconcierto se oyó la voz del Papa: “los jóvenes están aquí… yo me quedo aquí”.

“Yo me quedo aquí”. Fueron las palabras y el gesto del Papa. Las que le permitieron decir: “Hemos vivido una aventura juntos. Firmes en la fe en Cristo…” Sobran todos los comentarios. Benedicto XVI es la roca firme sobre la que se asienta la Iglesia.

Gracias Santo Padre. Ha sido una bendición.