viernes, 1 de julio de 2011

Nacidos para amar

Nuestra vocación es el amor.
Si no aprendemos a amar, nuestra vida carece de sentido

Santiago Arellano Hernández


Nada más luminoso que las palabras del beato Juan Pablo II en su primera encíclica “Redentor Hominis”, allá por el año 1979. “El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente.” Clave antropológica para entender los gozos y las miserias humanas. Y desde luego a Cristo, plasmación visible del más perfecto de los amores. En su muerte y en su resurrección se nos ha revelado el Amor de Dios en la historia amorosa más sublime que jamás podía sospechar nuestra condición. San Juan de la Cruz nos la contó en su delicioso poema el “Pastorcico”. Fragmento:


Y dice el pastorcico: "¡Ay desdichado
De aquel que de mi amor ha hecho ausencia
Y no quiere gozar la mi presencia
Y el pecho por su amor muy lastimado!"

Y al cabo de un gran rato se ha encumbrado
Sobre un árbol do abrió sus brazos bellos
Y muerto se ha quedado asido de ellos
El pecho del amor muy lastimado.
Más universal y profundo, el poema “Ajeno” de Claudio Rodríguez. Las experiencias extraídas de la vida ordinaria le sirven de punto de partida. Hay entrar y salir de casa, hay abrir y cerrar de puertas, hay día y noche, luz del alba y calle, paseos, pies oscuros y cojeras. Todo ello para expresar el vacío y soledad de quien no ama. Más aún, a quien no ama no se le puede ni conocer y aunque tenga una vivienda “nunca habitará su casa”. Rotundo.


“Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y duro del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.”
Mujer Pensativa (Montserrat Gudiol)
Buscad la obra de Monserrat Gudiol, pintora catalana, nacida en Barcelona en 1933. La estilización de los rostros o de las manos y pies me recuerda la peculiar concepción de la belleza de Amedeo Modigliani o la pintura medieval tan vigorosa en Cataluña; en el conjunto, destaca la influencia de Picasso, en sus etapas rosa o azul. Os la menciono por su concordancia con nuestro tema. En sus rostros se percibe una melancolía profunda que contrasta con la refinada y exquisita elegancia de sus composiciones. Un mundo tan distinguido como insuficiente. Ante sus personajes me parece escuchar: Si no tengo amor, no me sirve de nada.