viernes, 1 de abril de 2011

Que mi vida diga que sigo a Jesucristo

Shahbaz Bhatti, ministro pakistaní
para las minorías, muestra en sus
manos una cruz calcinada
Shahbaz Bhatti, ministro de Minorías Religiosas de Pakistán, laico católico de 42 años, fue miserablemente abatido en la mañana del pasado dos de marzo, cuando cuatro hombres armados detuvieron su vehículo, en el que viajaba sin escolta, junto a su chófer y una sobrina, le hicieron bajar y le dispararon durante dos minutos.

El joven político estaba amenazado de muerte por haber defendido a Asia Bibi, la cristiana y madre de familia condenada a muerte por manifestar en público su condición de católica, y por pedir la revisión de la ley antiblasfemia por la cual se condenó a ésta inicuamente.

Sólo dos semanas antes, Bhatti declaraba: “Mi lucha continuará a pesar de las dificultades y amenazas que he recibido. Mi único objetivo es defender los derechos fundamentales, la libertad religiosa y la vida de los cristianos.”

Al acabar el funeral celebrado en Islamabad, el arzobispo Mons. Anthony Rufin manifestó: “Shahbaz Bhatti ha dado su vida por la fe. Estoy seguro de que la Iglesia, siguiendo sus tiempos, lo proclamará mártir”. Publicamos su ‘testamento espiritual’, un texto recogido en el libro Cristianos en Pakistán. En las pruebas la esperanza, publicado en Italia y reproducido por la Agencia Zenit.

"Yo quiero servir a Jesús"

Me han propuesto altos cargos de gobierno y se me ha pedido que abandone mi batalla, pero yo siempre lo he rechazado, incluso poniendo en peligro mi vida. Mi respuesta siempre ha sido la misma: "No, yo quiero servir a Jesús como un hombre normal".

Este amor me hace feliz. No quiero popularidad, no quiero posiciones de poder. Sólo quiero un lugar a los pies de Jesús. Quiero que mi vida, mi carácter, mis acciones hablen por mí y digan que estoy siguiendo a Jesucristo. Este deseo es tan fuerte en mí que me consideraría un privilegio el que, en este esfuerzo y en esta batalla por ayudar a los necesitados, a los pobres, a los cristianos perseguidos de Pakistán, Jesús quisiera aceptar el sacrificio de mi vida. Quiero vivir por Cristo y quiero morir por él. No siento miedo alguno en este país.

Muchas veces los extremistas han tratado de asesinarme o de encarcelarme; me han amenazado, perseguido y han aterrorizado a mi familia. Los extremistas, hace unos años, pidieron incluso a mis padres, a mi madre y a mi padre, que me convencieran para que no continúe con mi misión de ayuda a los cristianos y los necesitados, pues de lo contrario me perderían. Pero mi padre siempre me ha alentado. Yo digo que, mientras viva, hasta el último aliento, seguiré sirviendo a Jesús y a esta humanidad pobre, que sufre, a los cristianos, a los necesitados, a los pobres.

Quiero deciros que me inspira mucho la Sagrada Biblia y la vida de Jesucristo. Cuanto más leo el Nuevo Testamento, los versículos de la Biblia y la palabra del Señor, más se reafirman mi fuerza y mi determinación. Cuando reflexiono en el hecho de que Jesucristo lo sacrificó todo, que Dios envió a su mismo Hijo para redimirnos y salvarnos, me pregunto cómo puedo seguir el camino del Calvario. Nuestro Señor dijo: "Ven conmigo, carga tu cruz, y sígueme". Los pasajes que más me gustan de la Biblia dicen: "Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme". De este modo, cuando veo a personas pobres y necesitadas, pienso que detrás de sus rasgos se encuentra Jesús, que me sale al paso.