viernes, 1 de abril de 2011

Cristianos perseguidos hoy en el mundo: Sangre y libertad

Estar


El Informe de Libertad Religiosa en el Mundo 2010, que presenta cada dos años la organización Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) -al que se puede acceder en http://www.libertadreligiosaenelmundo.com/-, revela que el número de cristianos perseguidos o discriminados en el globo es de 350 millones. En Europa, afirma el informe, no son propiamente perseguidos, pero sí son objeto de marginación y desprestigio público.

Con los datos en la mano, no es exagerado en absoluto afirmar que en el último año la situación para los cristianos en el mundo ha empeorado. Desde el macroatentado del 31 de octubre contra la catedral sirio-católica de Bagdad (donde se produjeron 60 muertos y unos 120 heridos), la persecución contra los cristianos ha arreciado de forma grave y altamente preocupante. Cientos de miles de cristianos han huido de sus casas en Irak, y en Tierra Santa es ampliamente conocido el éxodo forzoso de los cristianos, que se viene intensificando a lo largo de los últimos treinta años, y son también cientos de miles los que han ido saliendo de Palestina.

Sólo en lo que va de año, y ateniéndonos a los hechos más conocidos, han muerto asesinados tres sacerdotes en Colombia, una religiosa en la República Democrática del Congo, un pastor protestante en la India, en Año Nuevo una explosión en una iglesia copta en Alejandría (Egipto) mató a 22 personas e hirió a unas 70; también fue asesinado un religioso salesiano en Túnez, tres sacerdotes diocesanos en Brasil, México y la India, y varias decenas de laicos en Nigeria y Pakistán (destaca aquí recientemente atroz asesinato del ministro de Minorías Religiosas Shahbaz Bhatti, católico de 42 años). Se cuentan también numerosos presos y condenados a muerte en aplicación de las leyes islámicas (son muy conocidos Asia Bibi, madre de cinco hijos, en Pakistán, y Said Musa en Afganistán…) En Egipto también se han denunciado casos de asaltos de radicales musulmanes a aldeas con el fin de secuestrar mujeres cristianas para convertirlas al Islam por la fuerza.

Estamos hablando de hombres y mujeres a los que se persigue, se calumnia y se asesina por el hecho de ser cristianos. Es decir, de mártires.

Indica AIN que la tendencia creciente a la persecución y discriminación por la religión que se profesa se debe tanto a la radicalización del mundo islámico, como a la ‘cristianofobia’ y a la facilidad con que se ridiculiza y afrenta a Iglesia en algunos países desarrollados.

Tan clamoroso es el grito de la sangre derramada, que el Papa Benedicto XVI, además de sus invocaciones y denuncias con ocasión de acontecimientos concretos, ha dedicado al fenómeno de la persecución religiosa y al clamor por la libertad religiosa en el mundo el Mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, el pasado 1 de enero, y de forma muy directa y con alusiones muy concretas, su alocución anual al Cuerpo Diplomático acreditado en el Vaticano, el 10 de enero, además de la homilía de la Misa del mismo 1 de enero. Su denuncia ha sido expresa, vibrante y fuerte. Además ha convocado, con ocasión del 25 aniversario de la iniciativa de Juan Pablo II, un nuevo encuentro interreligioso de oración por la paz en Asís.

LA DENUNCIA DE BENEDICTO XVI

En el Mensaje del Pontífice para la Jornada mundial de la Paz, éste señala que “se siguen constatando en el mundo persecuciones, discriminaciones, actos de violencia y de intolerancia por motivos religiosos.”

Sus palabras no se refieren sólo a los cristianos: “Particularmente en Asia y África, las víctimas son principalmente miembros de las minorías religiosas, a los que se impide profesar libremente o cambiar la propia religión a través de la intimidación y la violación de los derechos y libertades fundamentales y de los bienes esenciales, llegando incluso a la privación de la libertad personal o de la misma vida.”

Pero afirma Benedicto XVI con claridad también que “los cristianos son actualmente el grupo religioso que sufre el mayor número de persecuciones a causa de su fe.”

En una conferencia internacional realizada a finales del año pasado en Bruselas, en la sede del Parlamento Europeo, sobre la persecución de los cristianos, el eurodiputado Konrad Szymanski recordaba que el “75% de las muertes relacionadas con crímenes de odio basados en la religión afectan a personas de fe cristiana, siendo así los cristianos los creyentes más perseguidos en el mundo”.

HOSTILIDAD ANTICRISTIANA EN EUROPA

Junto a esta persecución violenta, el Santo Padre vuelve su mirada a Occidente, donde observa formas más sofisticadas de hostilidad contra la religión, “renegando de la historia y de los símbolos religiosos, en los que se reflejan la identidad y la cultura de la mayoría de los ciudadanos”, lo que fomenta a menudo el odio y los prejuicios.

En la Alocución al Cuerpo Diplomático, Benedicto XVI se refiere expresamente a estas amenazas: “Pienso en primer lugar en los países que conceden una gran importancia al pluralismo y la tolerancia, pero donde la religión sufre una marginación creciente. Se tiende a considerar la religión, toda religión, como un factor sin importancia, extraño a la sociedad moderna o incluso desestabilizador, y se busca por diversos medios impedir su influencia en la vida social. Se llega así a exigir que los cristianos ejerzan su profesión sin referencia a sus convicciones religiosas y morales, es incluso en contradicción con ellas, como por ejemplo allí donde están en vigor leyes que limitan el derecho a la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios o de algunos profesionales del derecho.”

Joseph Weiler, constitucionalista de origen judío, y en la actualidad profesor de la New York University, se ha referido a este fenómeno con el elocuente término de “cristianofobia”.

Pasemos a algunos ejemplos notables del mismo. Es bien sabido que Benedicto XVI hubo de suspender su intervención académica y su visita a la universidad romana de La Sapienza en enero de 2008 porque un grupo de activistas anticatólicos se oponía furibundamente a su presencia, por considerar que invadía un espacio de pensamiento laico (no está de más recordar que esa universidad fue fundada por la Santa Sede, y durante siglos fue considerada la “universidad del Papa”)

En 2004, Rocco Buttiglione, político y filósofo italiano y católico, no pudo ser Comisario de la Unión Europea y hubo de retirar su candidatura para ceder paso a un mandatario más del gusto de los eurócratas de Bruselas.

Otro caso conocido de nuestros lectores es el del juez murciano Fernando Ferrín Calamita, sentenciado en 2009 a 18 años de inhabilitación por ejercer su derecho a la objeción de conciencia al negar la adopción de una niña a la pareja lesbiana de su madre (en realidad, lo que hizo fue solicitar un informe médico pericial como requisito para proceder a la tramitación de la demanda).

Con las leyes promulgadas este año en España, la objeción del personal sanitario se ve seriamente limitada, al punto de que sólo a los facultativos directamente involucrados en prácticas de cirugía les está permitido ejercer tal derecho.

En el Reino Unido, en enero de 2009 el Ayuntamiento de Brighton negó la financiación a un asilo de misioneros anglicanos retirados por preguntar en un cuestionario a sus futuros residentes cuál es su orientación sexual. Tres años antes, un miembro del Parlamento escocés pidió que la Policía local investigase al arzobispo de Glasgow (Escocia) por defender en público la institución matrimonial cristiana.

En Alemania, una madre de familia ha sido condenada a ingresar en prisión por oponerse a que su hijo reciba clases de educación sexual en el colegio con una orientación con la que ella no está de acuerdo. Hablamos de marzo de 2011.

No está de más recordar el eco mediático alcanzado en su día por la sentencia del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos que en su día dispuso la retirada de los crucifijos de las escuelas italianas, y que afortunadamente ha sido revocada hace muy pocos días (por supuesto, sin que el hecho haya encontrado un tratamiento equivalente en los medios de comunicación).

EL DIAGNÓSTICO DE MARCELLO PERA

El conocido filósofo y senador italiano Marcello Pera, agnóstico en cuanto a sus creencias religiosas, escribió una Carta al director del Corriere de la Sera el 4 de agosto de 2010, en la que afirma sin ambages que “está en curso una guerra… entre el laicismo y el cristianismo. Es una batalla campal. Se debe llevar la memoria al nazismo y al comunismo para encontrar una similar. Cambian los medios, pero el fin es el mismo: hoy como ayer, lo que es necesario es la destrucción de la religión. Entonces Europa, pagó a esta furia destructora, el precio de la propia libertad. La destrucción de la religión comportó en ese momento la destrucción de la razón. Hoy no comportará el triunfo de la razón laicista, sino otra barbarie. En el plano ético, es la barbarie de quien asesina a un feto porque su vida dañaría la «salud psíquica» de la madre. De quien dice que un embrión es un «grumo de células» bueno para experimentos. De quien asesina a un anciano porque ya no tiene una familia que lo cuide. De quien acelera el final de un hijo porque ya no está consciente y es incurable…”

Y concluye, remitiéndose a las probables consecuencias: “También, para considerar el lado político de la guerra de los laicistas al cristianismo, la barbarie será la destrucción de Europa. Porque, abatido el cristianismo, queda el multiculturalismo, que sostiene que cada grupo tiene derecho a la propia cultura. El relativismo, que piensa que cada cultura es tan buena como cualquier otra. El pacifismo que niega que exista el mal. Esta guerra al cristianismo -concluye el pensador y político italiano- no sería tan peligrosa si los cristianos la advirtiesen. Pero el caso es que muchos de ellos participan de esa incomprensión.”

Con esta perspectiva es fácil apreciar la sabiduría que respalda la creación por parte de Benedicto XVI del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, que ha tenido lugar el pasado otoño, con la finalidad de ponerse al servicio de las Iglesias particulares, especialmente en los territorios de tradición cristiana donde con mayor evidencia se aprecia el fenómeno de la secularización (cfr.Ubicumque et semper)

EL PARLAMENTO EUROPEO, POR FIN, HA DEJADO DE MIRAR A OTRO LADO

Ante los recientes ataques contra cristianos en Egipto y Malasia, el Parlamento Europeo ha adoptado una Resolución, que lleva la firma de Mario Mauro y de Fiorello Provera, sus promotores más significados, y la fecha del 20 de enero.

Tras un duro debate, todo hay que decirlo, en el que las posiciones de algunos países de “vieja cristiandad” (España, Portugal, Luxemburgo e Irlanda) han sido llamativa causa de sonrojo, el Parlamento Europeo ha pedido a las autoridades egipcias y malasias “que garanticen la seguridad de los cristianos y de las demás minorías religiosas presentes en su territorio, y adopten las medidas necesarias para proteger las iglesias y lugares de culto”.

El texto destaca en primer lugar que el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión es “un derecho humano fundamental garantizado por los instrumentos jurídicos internacionales”. Indica también que Europa “no está exenta” de casos de violaciones de esta libertad.

LA LIBERTAD RELIGIOSA, CAMINO DE LA PAZ

Mario Mauro, eurodiputado, principal promotor de la Resolución, ha dicho que “la libertad religiosa es la condición por la que deben pasar todas nuestras demás libertades”.

Este es el enfoque utilizado por Benedicto XVI en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz. Insiste en que “en la libertad religiosa se expresa la especificidad de la persona humana, por la que puede ordenar la propia vida personal y social a Dios, a cuya luz se comprende plenamente la identidad, el sentido y el fin de la persona.”

La persona humana presenta una naturaleza trascendente, en la que se basa su dignidad, que se muestra como apertura al Misterio, como capacidad de trascender la propia materialidad y buscar la verdad, como apertura a Dios y como capacidad de ordenar las propias opciones según la verdad. Y así, dice, “el respeto de los elementos esenciales de la dignidad del hombre, como el derecho a la vida y a la libertad religiosa, es una condición para la legitimidad moral de toda norma social y jurídica.”

Lo que está en juego, según el Papa, es importante: “Si no se reconoce su propio ser espiritual, sin la apertura a la trascendencia, la persona humana se repliega sobre sí misma, no logra encontrar respuestas a los interrogantes de su corazón sobre el sentido de la vida, ni conquistar valores y principios duraderos, y tampoco consigue siquiera experimentar una auténtica libertad y desarrollar una sociedad justa.”

La libertad religiosa es por ello condición para la búsqueda de la verdad, que no se impone por la violencia, sino por “la fuerza de la misma verdad”, según expresión del Concilio Vaticano II.

Una supuesta libertad que vuelve la espalda a la posibilidad de buscar la verdad y el bien no tiene razones objetivas ni motivos para obrar, apunta el Pontífice; no tiene una “identidad” que custodiar y construir mediante sus opciones. No puede reclamar respeto (¿en función de qué podría exigirlo, si la verdad y el bien no la sostienen?). Y concluye su argumentación: “La ilusión de encontrar en el relativismo moral la clave para una pacífica convivencia es en realidad el origen de la división y negación de la dignidad de los seres humanos.”

La religión, recuerda el Papa ante el Cuerpo diplomático, no constituye un problema para la sociedad, no es un factor de perturbación o conflicto; antes bien es un venero de sabiduría del que han brotado las culturas en la historia. La búsqueda sincera de Dios conduce a un mayor respeto de la dignidad del hombre. En particular, las comunidades cristianan tienen en su haber la contribución al reconocimiento de la dignidad de todo ser humano, a la conquista de instituciones democráticas y a la afirmación de los derechos y obligaciones del hombre. Tal aportación no es sólo fruto de un compromiso político, sino de la pujanza de la fe y la caridad cristianas.

“El mundo tiene necesidad de Dios. Tiene necesidad de valores éticos y espirituales, universales y compartidos, y la religión puede contribuir de manera preciosa a su búsqueda para la construcción de un orden social justo y pacífico.” Con estas palabras corona Benedicto XVI sus reflexiones. Contempla la paz como “fruto de un proceso de purificación y de elevación cultural, moral y espiritual de cada persona y de cada pueblo, en el que la dignidad humana es respetada plenamente.”

Los mártires, imitadores y testigos de Cristo, son prueba tangible e irrefutable de que la libertad del ser humano sobrepuja toda actitud innoble cuando se convierte en ofrenda de fe y de amor a Dios. Las Actas de la Iglesia primitiva no dejan de aportar el ejemplo admirable de quienes aceptaban la oblación de su vida con un gesto de perdón sincero y como un gesto de bendición hacia quienes les martirizaban. Completaban así el gesto soberano del amor redentor de Cristo, Verdad siempre antigua y siempre nueva.