miércoles, 1 de diciembre de 2010

Navidad y Nueva Evangelización

Editorial revista Hágase Estar nº 252, diciembre 2010.

Algunos se sintieron sorprendidos cuando el Santo Padre afirmó, al comienzo de su reciente viaje, que en España se registra un enfrentamiento entre fe y modernidad, y que se constata un secularismo "fuerte y agresivo como en los años treinta". El hecho, si se mira con alguna atención, es bastante claro, pero -dejando a un lado el hipócrita rasgarse de vestiduras de los que claman contra la provocación- hay “pantallas” que interfieren entre la realidad y las conciencias, y desvían la atención del hecho, o incluso justifican con razones aparentes -lo del 'Estado laico' que no está en la Constitución por ningún lado- que se aparte a la Iglesia y a los católicos de los escenarios de la vida pública.

El comentario de Benedicto XVI venía a propósito de una pregunta sobre el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, que acaba de crearse. La carta apostólica titulada Ubicumque et semper, con la que lo instituyó (publicada precisamente el 12 de octubre pasado, día de la Hispanidad), señala que el nuevo dicasterio "está al servicio de las Iglesias particulares, especialmente en esos territorios de tradición cristiana donde con mayor evidencia se manifiesta el fenómeno de la secularización".

El Papa, ciertamente, ve a España en este caso: "he pensado en todos los grandes países de Occidente, pero sobre todo también en España", añadía durante su viaje en avión; y sólo un ciego o un ingenuo podría negar que tiene toda la razón. En nuestra sociedad se quiere dejar a Dios y a su Iglesia al margen de la vida pública y extirparlo de las conciencias.

Podemos añadir que la ofensiva anticristiana parece generalizada en muchas partes del mundo, donde se martiriza a los cristianos abiertamente (en Pakistán, Irak, India, Sudán, China, Corea del Norte...), se registran ataques continuos contra la Iglesia y el Papa desde organismos internacionales (ONU, OMS, Consejo de Europa...) y Estados (Venezuela, Bolivia...), se impulsan legislaciones restrictivas de la libertad religiosa (Pakistán, España...) y los medios de difusión parecen orquestados para presentar una imagen hosca e intolerante de la doctrina de la Iglesia y de su jerarquía. No es exagerado hablar de tiempos de persecución.

Junto a la ofensiva de los enemigos está también el silencio medroso de "los buenos", tanto más doloroso y culpable que aquélla. Estas Navidades volveremos a escuchar que quien nace es "la ilusión", o que nos visita "la diosa fortuna", o simplemente que se acaba un año y otro empieza... Por no hablar de Papá Noel. El silencio y el ruido se darán la mano para eludir el recuerdo del acontecimiento que cambia nuestra vida: Que el Amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones, que ha aparecido entre nosotros la benignidad de nuestro Dios.

Cristianos: Empecemos hoy mismo nuestra Nueva Evangelización, gritad, cantad, haced fiesta, pues somos amados y nuestra esperanza es fundada. Muy feliz Pascua de Navidad. Dejemos que lo diga Jean Paul Sartre (sí, sí, leedlo en nuestro tema de portada):"Esta bella noche, henchida de tinieblas y de fuegos que la atraviesan como los peces hienden el mar, te está esperando. Te espera al borde del camino, tímida y tiernamente, porque Cristo ha venido para regalártela. Lánzate hacia el cielo y serás libre ¡oh criatura superflua entre todas las criaturas superfluas!, libre y palpitante, asombrada porque existes en pleno corazón de Dios, en el reino de Dios, que está así en el Cielo como en la tierra".