viernes, 1 de octubre de 2010

Santos en la vida cotidiana

Santos en la vida cotidiana

P. Tomás Morales S.J.

La vida interior de un laico no sólo es oración solitaria en el secreto de su corazón. Es oración su presencia en el mundo, entre los hombres, en medio de la actividad múltiple. Si la pureza es la pista de arranque y la humildad raíz oculta alimentando la vida interior, la ejemplaridad alegre y sencilla en el cumplimiento del deber familiar, profesional, social es tronco cuajado de ramas cargadas de frutos. Esa ejemplaridad alegre y sencilla transforma en oración toda la vida del laico en el mundo, la hace conquistadora. Es la "contemplación en los caminos" (Raissa Maritain) sin salir del mundo, el encuentro personal con Jesús y nuestros hermanos en todas las incidencias de la vida cotidiana.

Evangelio abierto, en que todos puedan leer la verdad, descubrir el camino, participar en la vida, es la conducta ejemplar de un laico si marcha de acuerdo con su fe. Esta coherencia conquistadora es línea maestra en la predicación de Juan Pablo II: "No tengáis miedo de dar testimonio, humilde pero visible y entusiasta, del Evangelio. No dejéis a las nuevas generaciones desamparadas en la ignorancia religiosa, sino que en vuestra familia, vuestro ambiente, vean claramente la firmeza de vuestras convicciones en coherencia con vuestra vida." (Lourdes, 15-8-1983)

Los laicos cimentados en su vida interior se sienten "llamados por Dios a cumplir su propio cometido guiándose por el espíritu evangélico, contribuyendo desde dentro, como levadura, a la santificación del mundo, y a que los demás descubran a Cristo al brillar en ellos el testimonio de su fe viva, esperanza y caridad. Con ejemplaridad alegre y sencilla, fervientes en el espíritu cristiano, ejercen su apostolado en el mundo a manera de fermento. (Lumen gentium, 31)

En los escritos íntimos de Alcide de Gasperi, el salvador de Italia en la posguerra, se leen estas palabras: "Señor, penetra toda mi actividad, haz que mi trabajo se convierta en oración, y que yo me entregue del todo a ti." El jefe del Gobierno italiano de 1945 a 1953 quería esculpir en su vida la frase que años adelante pronunciaría Pablo VI: "La santidad no es un asunto de algunos privilegiados. Siempre está de moda. Constituye siempre un programa actual, que compromete a quien se diga discípulo de Cristo." (7-7-1965)

La santidad profesional del laico militante, la oración hecha vida, es su arma predilecta de conquista. Sin palabras, “el testimonio de su vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural tienen eficacia para atraer a los hombres hacia la fe y hacia Dios" (Apost. Actuositatem, 6).

Es la santidad sencilla y alegre a lo Nazaret, vivida en íntima unión con Cristo al lado de la Virgen, en la familia, en la profesión, en el trato con los demás. Así, "durante la peregrinación de esta vida, escondidos con Cristo en Dios, y libres de la esclavitud de las riquezas, mientras se dirigen a los bienes imperecederos, se entregan generosamente y por entero a la expansión del Reino de Dios" (Idem, 4). Así, reaccionando contra el egoísmo, "libres de la esclavitud de las riquezas", ennoblecen la profesión, la redimen del mercantilismo con que la profana la mayoría, la conquistan y consagran a Cristo.


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