lunes, 1 de noviembre de 2010

Movilizador del laicado

Por Fernando Martín Herráez

Los últimos años de la vida del P. Morales los dedicó a terminar su obra más larga y a la que dedicó mucho tiempo: los doce volúmenes de Semblanzas de testigos de Cristo para los nuevos tiempos. Son pequeños retazos biográficos de santos. Al P. Morales siempre le gustaba fijarse en la vida laical de todos ellos. Era una manera de acercar esos hombres y mujeres santos al tiempo actual y de iluminar a los laicos con ejemplos de todos los tiempos. Por eso estoy seguro que le hubiera gustado mucho hacer la semblanza de Gaudí.

Porque el P. Morales fue siempre un dinamizador de laicos.

La vocación que el Señor le ha dado y que ha plasmado en todas sus obras es la movilización de los laicos, hacer conscientes a los bautizados de su misión y dignidad: "Pensamos que para ser misionero, vivir consagración bautismal,, hay que expatriarse, renunciar al matrimonio o a la profesión, hacerse sacerdote o religioso. Nos parapetamos en nuestro quehacer profesional o familiar para eludir la obligación de evangelizar que incumbe a todo bautizado. No caemos en la cuenta de que es perfectamente compatible con esas ocupaciones si las vivimos como hijos de Dios, siendo "sal de la tierra" (Mt 5,13).

El ideal que siempre persiguió y que nos enseñó a todos los que hemos continuado su obra es la movilización de "un laicado consciente y responsable -comprometido en su misión eclesial de ordenar el mundo según Dios-". (Juan Pablo II)

Desde esta óptica juzgaba todo. Si hoy estuviera entre nosotros y le preguntáramos por la actual crisis quizás nos diría lo que dejó escrito en Hora de los laicos: "La raíz más profunda de la crisis que atraviesa el mundo, de la inseguridad que nos amenaza en todo momento y nos asedia por todas partes, hay que buscarla en esta deserción de los bautizados que, en medio del mundo, dejan de ser fermento para convertirse en masa amorfa (Mt 13,33)".

O se haría eco de las palabras que escuchó a Juan Pablo II en el último día de su primera visita a España: "Miraba a Europa, al mundo entero, y ponía el dedo en la llaga. La crisis espiritual del mundo procede de la "defección de los bautizados y creyentes de las razones profundas de su fe, y del vigor doctrinal y moral de esa visión cristiana de la vida".

La solución a los problemas del mundo, hoy y siempre, nos diría, está en cada uno de nosotros. Y nos da una fórmula tan sencilla que nos parece imposible: "Fidelidad al Evangelio, vivido sin recortes y con valentía para llevarlo a los demás".

Este es su legado como dinamizador de laicos. De verdad que si viviéramos así la existencia se nos transformaría y el mundo sería una realidad más cercana al plan de Dios.

Termino con una consigna del P. Morales, para animar a los laicos a vivir su vocación, que sintetiza todo lo que he dicho hasta aquí: Nuestra tarea preferida debería ser pasar por el mundo sembrando inquietudes espirituales, irradiando amor en la calle, en la profesión, en el sufrimiento y en la alegría. El Bautismo y la fe nos hacen miembros de una familia, la Iglesia, una familia misionera que continua y prolonga la familia apostólica instituida por Cristo para inundar el mundo de amor. Integrados en esa familia, no podemos ya desligarnos de sus intereses. No podemos desentendernos del designio divino de salvación de todos los hombres. Pertenecer a esa familia es un regalo gratuito de Dios, pero también una responsabilidad que me obliga, como "simple fiela no dejar a los sacerdotes toda la solicitud de la Iglesia".