jueves, 1 de julio de 2010

Fe y Magisterio

Abelardo de Armas

(Reproducimos, por su actualidad, la trascripción de unas palabras de Abelardo en su alocución en la Vigilia de la Inmaculada de diciembre de 1976, en la basílica de Ntra. Señora de la Merced de Madrid, y publicadas en el libro Luces en la Noche).

Quisiera expresaros los sentimientos que hay en mi corazón y el drama que estoy viendo a mi alrededor: me doy cuenta de que sin fe no se puede ver a Cristo en la Iglesia. Sin fe no se puede ver a Cristo en el prójimo. Sin fe no se puede ver a Cristo en el Papa...

Permitidme que os diga que en esta dialéctica de las confrontaciones..., lo más trágico que estoy viendo en mis ratos de oración, en las lecturas que hago, al asomarme a los medios de comunicación, es el gran peligro que corremos de perder la fe en el Papa.

El Papa está siendo atacado sistemática y ferozmente. En unos momentos se le ha acusado de retrógrado: la Iglesia estaba desfasada, el concilio Vaticano II estaba tan superado que había que ir a un concilio Vaticano III. Y ahora, a ese mismo Papa al que se tachaba de desfasado, por esa dialéctica de los enfrentamientos, los medios de comunicación social lo están presentando como enemigo de la tradición. Hay quien se atreve a decir: "el papa Pablo VI y la Iglesia, que después del concilio no han lanzado un anatema ni han vuelto a decir una frase de condenación, han venido a condenar a un pobre obispo francés (Mons. Lefebvre) que trata de salvaguardar los valores tradicionales en la Iglesia".

La Iglesia -que no es tradicional, ni conservadora, ni avanzada, ni progresista- se mantiene inmutable en la roca firme de Pedro, en la roca de la fe: no podrá variar jamás, porque lo inmutable no varía.

¿Se trata de enfrentarnos, perdiendo la fe en el Papa y, sin una sola fe, fragmentarnos en multitud de facciones sin saber adonde ir?

El Papa, con su magisterio infalible, es en la Iglesia la piedra clave de la bóveda. Si perdemos la fe en el Papa, cabeza visible del cuerpo invisible que es Cristo, en su autoridad divina, estamos perdidos. Somos los más desgraciados de la tierra: cuando leáis alguna crítica a su persona, ¡apretaos junto a él!, rechazadla como una tentación del demonio. No puede el Espíritu Santo dejar de asistir a la cabeza visible de la Iglesia.

Fijaos que se está yendo más lejos en esta duda sistemática: para arrebatarnos la fe en el Papa, se nos inocula la duda contra las personas que le rodean. Se nos dice que el Papa está enclaustrado en Roma: "Está como encarcelado. No puede expresar hoy sus verdaderos sentimientos. Tiene una Curia que le asfixia..." Si nosotros perdemos la fe en la Iglesia jerárquica, la que ayuda al Papa en el gobierno del Pueblo de Dios, cuando por ley inexorable de la vida tenga que abandonar la Iglesia dentro de unos años, cuando Dios quiera llevárselo a la eternidad, habrá un Cónclave, ese día, si hemos perdido sistemáticamente la fe en la autoridad divina del Papa, los medios de comunicación social enfrentarán a estas dos Iglesias tratando de dividirnos, de separarnos. Entonces aparecerá un cisma, y el cisma es siempre desastroso.

¡Aferraos al Papa! Vivid de fe. La Iglesia está don de está Pedro. Pedro es el Papa, Pedro es la cabeza visible de Cristo.

Pero sin fe, nosotros no podemos ni amar al Papa ni a la Iglesia. Sin fe es imposible imitar a San Ignacio de Loyola cuando afirma: más prefiero decir que es blanco lo que veo negro si la Iglesia me dice que es blanco, que decir es negro. Para avivar la fe es precisa la oración, en la que el Espíritu Santo ilumina al fiel sencillo y comunica los carismas al Pueblo de Dios. Dios no nos puede dejar desasistidos.

Luces en la Noche