martes, 1 de junio de 2010

Con esta amplitud ecuménica formó el P. Ayala a esos hombres

P. Tomas Morales



Construid un mundo tal como Dios lo quiere" (Pío XII). Cuando con amplitud ecuménica en la mentalidad y en la acción se forma a los jóvenes, cuando se les presentan horizontes de Iglesia señalándoles la inmensidad del campo a roturar para Cristo en la sociedad pagana en que vivimos, se convierten esos jóvenes en creadores y organizadores de nuevas obras, y oportunamente emprenderán obras por su cuenta.

Jóvenes así formados comprenderán que "el campo propio de su actividad evangelizadora es el mundo vasto y complejo de la política, de lo social, de la economía, pero también de la cultura, de las ciencias, de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación de masas, así como otras realidades abiertas a la evangelización, como el amor, la familia, la educación de los niños y jóvenes, el trabajo profesional, el sufrimiento." (PABLO VI, Evangelii nuntiandi, 70)

Estos jóvenes convertirán en realidad el ardiente anhelo que Juan Pablo II expresó en Toledo en 1982: "No hay actividad humana alguna que sea ajena a la solidaria tarea evangelizadora de los laicos".

En los últimos años hemos visto en España surgir en cadena una serie de obras y movimientos creados por hombres forjados desde 1908 por un jesuita clarividente. El P. Ángel Ayala imprimió en sus jóvenes una mentalidad combativa y audaz, abierta a las realidades de la vida. Como sucede a los hombres geniales, se anticipó al Vaticano II.

Era una España que inició en el siglo XIX, quizá antes, la carrera de descristianización que todavía no hemos logrado contener, por no haber caído todos en la cuenta, sacerdotes y laicos, de la urgente necesidad de movilizar el laicado en toda su amplitud para que sirva de puente, como diría Pablo VI, entre la comunidad eclesial y la temporal, entre la Iglesia y la sociedad, entre unos pocos españoles que viven su fe y una gran masa cuyos dioses son dinero, placer, orgullo, vanidad.

Nada había de ghetto o capillita en la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, ninguna vinculación a determinada organización religiosa o política. Una gran amplitud y libertad de movimientos, un respeto profundo a la iniciativa y responsabilidad del seglar; dieron como resultado una serie de obras influyendo en las masas a través de la prensa, la enseñanza, la sindicación obrera en la industria y en la agricultura, la política, el cine...

Estas obras se han hecho insuficientes para hacer frente a la descristianización, es verdad, pero han contribuido poderosamente a hacer surgir otros movimientos de laicos integrados en Institutos Seculares o a formar las filas de la Acción Católica. Para nadie es un secreto que de los propagandistas salieron los primeros líderes de la Acción Católica y que miembros de la Asociación pasaron a formar parte de esos Institutos tan necesarios en la Iglesia de hoy.

Con esta amplitud ecuménica formó el P Ayala a esos hombres. El padre les inyectó además algo que todo sacerdote o laico debe también imprimir en cuantos le rodean: un espíritu de pionero y buscador que no teme andar a tientas y correr riesgos, retroceder para avanzar, detenerse para pensar y para escuchar a la experiencia y a la vida, que tanto nos enseñan. Un espíritu que no abriga temores, porque la Iglesia, cada uno de sus miembros, tiene todas las gracias prometidas por su divino Fundador para extender por el mundo un mesianismo nuevo, más pujante, más verdadero que todas las ideologías pasadas, presentes y por venir: "Id por todo el mundo, enseñad a todos los pueblos", construid un mundo tal como Dios lo quiere... "y yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos" (Mt 28,19-20)

Laicos en Marcha