lunes, 1 de febrero de 2010

Gracias, Abelardo

Por Fernando Martín Herráez

De los recuerdos que atesoro de los años juveniles, no creo que pueda olvidarme de los festivales que teníamos en los cumpleaños de Abelardo. Más de un centenar de jóvenes de la Milicia nos reuníamos, en el fin de semana más cercano al 17 de febrero, casi siempre en algún lugar de la sierra de Madrid, para celebrar su cumpleaños.

Entre actuaciones cómicas, canciones, representaciones teatrales, pasábamos un rato estupendo de velada y festival. El plato fuerte llegaba con la actuación de Abelardo. Los que le habéis conocido recordáis que tenía ese don de gentes y unas dotes teatrales y de humor envidiables: miles de chistes, las historias de Leonardo, Guadalcanal, sus canciones... Todos reíamos y después le escuchábamos embelesados cuando empezaba a hablar de la Milicia, de la evangelización del mundo o de los jóvenes, o nos hablaba del Señor o de la Virgen. Muchos de nosotros aprendimos a amar a la Virgen con locura o volvimos a la vida de la gracia por medio de sus palabras.

Hablo en pasado, pero Abelardo sigue entre nosotros. Es verdad que la enfermedad y el paso del tiempo han hecho que ya no podamos disfrutar con tanta intensidad de sus actuaciones, de sus consejos y sus arengas. Su enfermedad... Muchos de los que le escuchamos hablar de la espiritualidad de las manos vacías pensamos que el Señor le ha concedido ser un signo viviente de eso que predicó: el caminito de santidad de santa Teresita, las manos vacías, la mística de las miserias y de la misericordia de Dios...

Abelardo siempre es recordado entre nosotros como el gran educador de jóvenes, el dinamizador de los laicos, el gran apóstol de los ejercicios espirituales y las Vigilias de la Inmaculada, el Co-fundador con el P. Morales de los Cruzados y de la Milicia de Santa María.

Ahora le vemos pasear lentamente por el paseo de Rosales, siempre acompañado, porque no puede salir solo. Cuando le saludamos, ya no nos conoce, pero se esfuerza por simular que si y responde con cordialidad. Dios le ha ido llevando poco a poco a la pobreza del anciano y del niño abandonado en los brazos del Padre.

Acabo dando gracias. En este año vamos a celebrar su 80 cumpleaños. Es una cifra redonda que no podemos dejar pasar para agradecerle todo lo que ha significado para muchos de nosotros. Gracias, Abelardo.

Y también me gustaría que todos los que nos leéis cada mes, todos los que le habéis conocido personalmente, os unierais a nosotros en una oración de acción de gracias a Dios por Abelardo. Gracias.