martes, 1 de diciembre de 2009

El Misterio de la Navidad

Por Fernando Martín Herráez

Se acerca la Navidad del 2009. Una oportunidad para acercarse al Misterio de la Encarnación.

Algunas veces he dedicado este momento para hacer una meditación sobre la Navidad. Esta vez quiero aprovechar para hacer una exhortación.

Para muchos es una fiesta más. Son unos días de vacaciones. Queda el rastro de que es una fiesta familiar, muy tradicional, con unos ligeros toques cristianos, quizás por el Belén, por el árbol, por las tarjetas navideñas...

Pero tú y yo no podemos conformarnos con eso. Navidad es Cristo que pasa, y que llama a nuestro corazón, con la esperanza de que le busquemos un sitio en nuestra posada.

Venciendo complejos y superando la vergüenza de mostrarnos como cristianos, ¿por qué no aprovechar esta Navidad para ser apóstoles de ese Jesús Niño que viene a nosotros para quedarse entre los hombres?

A las familias les pediría que mostraran a todos cómo vive la Navidad una familia cristiana. Montar el Belén, adornar el árbol, o preparar la corona de Adviento pueden ser ocasión para una catequesis preciosa, y una oportunidad para tener un espacio privilegiado en la casa alrededor del cual se puede rezar, cantar, leer el Evangelio de los distintos días... La cotidianeidad de cada día puede dejar una huella más profunda que las fiestas extraordinarias, si sabemos preparar el ambiente apropiado.

Es muy natural que en estos días nos unamos a toda la Iglesia, siguiendo los textos que nos presenta la liturgia y que nos preparan para la venida del Señor, tanto en casa como en las celebraciones litúrgicas que organiza nuestra parroquia. El P. Morales nos invitaba siempre a saborear el año litúrgico en estas celebraciones de la Navidad:

"La disposición que da la Iglesia al año litúrgico es para nosotros fuente de luz. Conocemos íntimamente a Jesús, nos unimos a sus sentimientos, nos incorporamos a sus misterios. Como Esposa que a nadie ama como a su Esposo, la Iglesia presenta las escenas de la vida de Jesús sucesivamente a los ojos de sus hijos. Avanza siempre un poquito más. Nos revela, con simbolismo de ceremonias y belleza de palabras, el misterio de amor que es Cristo para nosotros".

Y tengamos muy presente que no es sólo una fiesta para los niños. El misterio de Navidad es para todos: niños, jóvenes, adultos y ancianos. Es un misterio que nos interpela a cualquier edad, y que tenemos que acoger desde todas las circunstancias.

A los jóvenes les invitaría a un encuentro personal con Jesucristo. Qué mejor momento que estos días de Navidad para hacer una tanda de Ejercicios Espirituales.

Pero no sólo los jóvenes. Para todos, ese encuentro personal con Jesucristo puede ser un encuentro de misericordia y de perdón en una buena confesión.

Volvamos por fin la mirada al misterio de la Navidad: Jesús Niño, María y San José... Este si que es el mejor introductor en el misterio: San José. Nos encomendamos especialmente al Santo Patriarca para que nos ayude a acercarnos al portal. Os brindo el sabio consejo del P. Morales que decía que para contemplar este misterio hay que ponerse muy cerquita de San José:

'Y San José no puede estar ausente. Único y privilegiado espectador del misterio. Absorto en amorosa contemplación. Escucha vuestro unánime clamor en esta Navidad santa: "Llévanos a María y, por María, a Dios."

Para todos, Feliz Navidad.