martes, 1 de junio de 2010

"Vivir la libertad cristiana como fieles laicos" Editorial Revista Hágase Estar nº 247 junio 2010

Portada revista Hágase Estar nº 247
Del tesoro de reflexiones y del testimonio sangrante y a la vez gozoso, magnífico, que Benedicto XVI ha regalado a la Iglesia y al mundo durante su viaje apostólico a Portugal, es bueno destacar unas especialmente significativas. Las dirigió a los Obispos portugueses el 13 de mayo pero, en el marco de su pere­grinación hasta Fátima, son un mensaje para todos nosotros en estos momen­tos nada fáciles.

Nacen de quien carga en su corazón con el peso de la Iglesia, santa y peca­dora, peregrina entre los consuelos de Dios, las persecuciones del mundo y su propia debilidad. Así se confidenciaba a sus hermanos el sucesor de Pedro: "Como veis, el Papa necesita abrirse cada vez más al misterio de la Cruz, abrazándola como única esperanza y úl­tima vía para ganar y reunir, en el Crucificado, a todos sus hermanos y hermanas en humanidad. En obedien­cia a la Palabra de Dios, está llamado a vivir, no para sí mismo, sino para que Dios esté presente en el mundo."

Hubo entre sus consignas una nueva llamada a evangelizar que los laicos hemos de tomar muy en serio: "Verdaderamente, los tiempos en que vi­vimos exigen una nueva fuerza misione­ra en los cristianos, llamados a formar un laicado maduro, identificado con la Iglesia, solidario con la compleja trans­formación del mundo. Se necesitan au­ténticos testigos de Jesucristo, especial­mente en aquellos ambientes humanos donde el silencio de la fe es más amplio y profundo: entre los políticos, intelec­tuales, profesionales de los medios de comunicación, que profesan y promue­ven una propuesta monocultural, desde­ñando la dimensión religiosa y contem­plativa de la vida. En dichos ámbitos, hay muchos creyentes que se avergüenzan y dan la mano al secularismo, que levanta barreras a la inspiración cristiana."

Pero no bastan las palabras, aunque no podemos callar. Es preciso algo que cambie la vida: "Es muy difícil que la fe llegue a los corazones mediante simples disquisiciones o moralismos, y menos aún a través de genéricas referencias a los valores cristianos. El llamamiento va­liente a los principios en su integridad es esencial e indispensable; no obstante, el mero enunciado del mensaje no llega al fondo del corazón de la persona, no toca su libertad, no cambia la vida. Lo que fascina es, sobre todo, el encuentro con personas creyentes que, por su fe, atraen hacia la gracia de Cristo, dando testimonio de Él. Me vienen a la mente aquellas palabras del Papa Juan Pablo II: "...de la santidad nace toda auténtica renovación de la Iglesia..."."

En medio de un ambiente hostil pero fascinante es preciso atreverse a "vivir la libertad cristiana como fieles laicos", in­siste el Santo Padre. Este es el programa que como Laicos en marcha, queremos hacer nuestro: "Recuperar el fervor de los orígenes, la alegría del comienzo de la experiencia cristiana, haciéndose acom­pañar por Cristo como los discípulos de Emaús el día de Pascua, dejando que su palabra nos encienda el corazón, que el pan partido abra nuestros ojos a la con­templación de su rostro..., responder con creatividad a todas las pobrezas, in­cluida la de la falta de sentido de la vida y la ausencia de esperanza."

Está claro que en el sentir de Benedicto XVI todo arranca de poner nuestra mirada en la Madre de Dios, que en Fátima ha venido a "sembrar en el co­razón de todos los que se acogen a Ella el amor de Dios que arde en el suyo". Como en la Escritura, "Dios se pone a buscar a los justos para salvar la ciudad de los hombres, y lo mismo hace aquí, en Fátima, cuando Nuestra Señora pre­gunta: "¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que El quiera mandaros, como acto de repara­ción por los pecados por los cuales El es ofendido, y como súplica por la conver­sión de los pecadores?" (de la homilía en la explanada del santuario de Fátima).