miércoles, 1 de junio de 2016

Transformadores eficaces

Portada Estar 298
Cuando parece que los enemigos de la civilización cristiana tienen un poder omnímodo que pretende excluir a Dios de todas las realidades temporales, puede sonar a atrevido y utópico hablar de una floreciente primavera. Pero así es.
Aumentan los católicos en el mundo. Del 2005 al 2013, los bautizados pasaron de casi 1.115 millones a 1.254 millones, con un aumento absoluto de 139 millones de fieles. El número aumenta, sobre todo en África, en América y en Asia, mientras permanece en los mismos niveles en Europa. Son algunos de los datos del Annuarium Statisticum Ecclesiae 2013, publicado contemporáneamente al Anuario Pontificio de 2015.
En este reverdecer primaveral de la fe tienen su protagonismo propio los jóvenes. Unos jóvenes que no se dejan intimidar por el entorno laicista que trata de envolverlos, y que viven decididos sin miedo al mundo ni al futuro ni a su propia debilidad.
Unos jóvenes enraizados en Cristo a los que no puede detener ninguna adversidad, y que se convierten en el motor de los “líos” que la Iglesia promueve para la dignificación que nuestra sociedad necesita.
San Juan Pablo II, en el histórico encuentro con los jóvenes en el estadio Santiago Bernabéu, les propuso un programa de lucha para vencer el mal con el bien: Cuando sabéis ser dignamente sencillos en un mundo que paga cualquier precio por el poder; cuando sois limpios de corazón entre quien juzga sólo en términos de sexo, de apariencia o hipocresía; (…) Entonces os convertís en transformadores eficaces y radicales del mundo y en constructores de la nueva civilización del amor, de la verdad, de la justicia, que Cristo trae como mensaje.
Son, sin duda, una manifestación rutilante de energía renovadora las JMJ, reuniendo jóvenes de los cinco continentes, que hacen visible una maravillosa prueba de la fecundidad del mandato de Cristo a la Iglesia: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
Pero la primavera de la fe no puede, ni debe, reducirse a un acto multitudinario temporal. También en el día a día, los jóvenes aportan su granito de arena como se indica, por ejemplo, en algunas experiencias que se reseñan en este número de ESTAR: Tema de Portada, 25 aniversario de la Virgen de Gredos, la entrevista a José María Ausín, las experiencias de Semana Santa´16, etc.
A los que no somos tan jóvenes, también debe llegar la primavera renovando nuestra creatividad para ofertar a la juventud criterios sólidos ante un mundo que encandila con su falsa y fatua policromía.
Primavera de jóvenes y menos jóvenes, bautizados consecuentes, que hacen penetrar el evangelio en sus vidas y, así, con sencillez, audacia y alegría se convierten en transformadores eficaces.

viernes, 1 de abril de 2016

Es distinto

Portada Estar 297
Es distinto, sí, pero, en el fondo, es lo mismo. Han variado, y mucho, las formas, los medios, pero el objetivo final es idéntico: evangelizar la cultura.
Decía san Juan Pablo II en 1982 al Consejo Pontificio de Cultura, que una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida. Y hoy parece que los vivos son los anti fe. Tienen los enemigos de la civilización cristiana un “celo apostólico” que los creyentes hemos perdido.
Tienen una virulencia, una agresividad impositiva a la que los católicos, en general (siempre hay excepciones), damos alas con nuestra pasividad y encogimiento.
Y, sin embargo, hoy como ayer, tenemos la obligación de evangelizar la cultura, de cristianar la sociedad, de mejorar a nuestros contemporáneos ofreciéndoles lo mejor que tenemos: nuestra fe.
Y no vale la excusa de que es que hoy… Sigue siendo cierto que la vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás.
Tenemos numerosos ejemplos de ello en los trabajos que presentamos en este número: Jóvenes en marcha, Estar en América, Laicos en marcha, Entrevista a Eder, etc.
Hay que atreverse a encontrar los nuevos signos, los nuevos símbolos, una nueva carne para la transmisión de la Palabra, las formas diversas de belleza que se valoran en diferentes ámbitos culturales, e incluso aquellos modos no convencionales de belleza, que pueden ser poco significativos para los evangelizadores, pero que se han vuelto particularmente atractivos para otros.
Es imperiosa la necesidad de evangelizar la cultura para inculturar el Evangelio. Para ello, nada de pesimismos estériles, sino que volvamos a los orígenes como aconseja el papa Francisco en Evangelii gaudium (263):
Es sano acordarse de los primeros cristianos y de tantos hermanos a lo largo de la historia que estuvieron cargados de alegría, llenos de coraje, incansables en el anuncio y capaces de una gran resistencia activa. Hay quienes se consuelan diciendo que hoy es más difícil; sin embargo, reconozcamos que las circunstancias del Imperio romano no eran favorables al anuncio del Evangelio, ni a la lucha por la justicia, ni a la defensa de la dignidad humana.
En todos los momentos de la historia está presente la debilidad humana, la búsqueda enfermiza de sí mismo, el egoísmo cómodo y, en definitiva, la concupiscencia que nos acecha a todos.
Entonces, no digamos que hoy es más difícil; es distinto.

lunes, 1 de febrero de 2016

Renovación y forcejero

Portada Estar 296
Dice el Concilio Vaticano II en la constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium en el nº 31 que con el nombre de laicos se designan aquí todos los fieles cristianos, a excepción de los miembros del orden sagrado y los del estado religioso aprobado por la Iglesia.
Y afirma en ese mismo número que a los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios.
En el nº 35 pide que “salgan a las periferias” a proclamar el reino del Padre con entusiasmo, decisión, atractivamente y sin complejos: no escondan esta esperanza en el interior de su alma, antes bien manifiéstenla, incluso a través de las estructuras de la vida secular, en una constante renovación y en un forcejeo con los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos.
Porque los laicos incluso cuando están ocupados en los cuidados temporales, pueden y deben desplegar una actividad muy valiosa en orden a la evangelización del mundo.
El P. Morales en su obra Hora de los Laicos en la 2ª edición publicada por Ediciones Encuentro, en la página 23 dice que hay que imprimir en ellos (los laicos) tensión misionera. Es necesario hacerles vivir la fe bautismal. Deben caer en la cuenta de que “cuando un católico toma conciencia de su fe, se hace misionero” (Juan Pablo II, 6 nov. 1982).
El decreto Apostolicam actuositatem sobre el apostolado de los laicos indica que es preciso que los seglares avancen en la santidad decididos y animosos por este camino, esforzándose en superar las dificultades con prudencia y paciencia, porque nada en su vida debe ser ajeno a la orientación espiritual, ni las preocupaciones familiares, ni otros negocios temporales.
Normalmente no se nos pide “descubrir América”, aunque no hay que renunciar a ello, pero sí evangelizar nuestro entorno viviendo con sencillez y humildad asidos de la mano de la Madre para que nuestro corazón arda en amor a Cristo. Y con ese fuego interior los reclamos mundanos nos seguirán deslumbrando, pero palidecerán como la luz artificial cuando amanece.
Vivimos en medio de un mundo atractivo al que debemos sublimar sin salir de él. Por eso hay que rezar. Y mucho. Pero nuestra vocación laical, además, nos empuja a extender el Reino con innovación y brega; nada de comodidad mediocre a la sombra de las sacristías.
Era en 1965 y ya marcó el camino el Concilio Vaticano II: renovación y forcejeo.

la ordenación sacerdotal

Por Javier del Hoyo
En el Archivo General de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) se conservan varias cartas del P. Tomás Morales a Fernando Martín-Sánchez Juliá, escritas en la década de los años cuarenta desde distintas casas de la Compañía1. En ellas deja ver el interés que mantenía por la Asociación y por los Estudiantes Católicos, organización de la que Tomás fue presidente de la Federación de Madrid durante dos años (1928-1930).
En el número de octubre publicamos ya la carta del 27 de noviembre de 1945 en la que Tomás Morales felicitaba a Fernando por la iniciativa de crear el Colegio Mayor San Pablo. En este número sacamos a la luz la que le envía Tomás el 21 de abril de 1942 desde el teologado de Granada, en respuesta a una petición muy concreta que le había formulado Fernando. Tiene ésta gran interés por ver la vinculación del jesuita Morales, aún no sacerdote, con la Asociación. Parece claro que no era una relación meramente afectiva ni de mantener la amistad entre antiguos amigos, sino que se contemplaba la posibilidad de colaboración entre las dos partes. Si desde 1941 estuvo escribiendo artículos en la revista Estrella del Mar, que envió luego a Fernando Martín-Sánchez, como presidente de la Asociación, vemos en esta carta cómo desde la presidencia se le invita a participar con la Asociación mediante un cargo de Promotor-Asesor del Consejo editorial que estaba naciendo.
La respuesta de Tomás, como veremos, es de gran realismo. Haz lo que haces; el estudiante debe estudiar, y prepararse de este modo para futuras acciones apostólicas, intelectuales, formativas, etc. Se encontraba en 3º de teología y muy próximo a la ordenación, tema que cubre tres cuartas partes de la carta. Califica el día de la ordenación como suspirado. Sí, fue especialmente esperado y suspirado, porque el agravamiento de la vista a partir de 1935 hizo peligrar sus estudios sacerdotales. Perdió completamente la visión en el ojo derecho, quedándole muy reducida en el izquierdo2. Aun así, con un gran esfuerzo y tenacidad logró completar la teología y llegar al sacerdocio. Este sentimiento de don lo tuvo muy presente en su vida; cincuenta años después se confidenciaba en una homilía:
Yo creía que iba a ser sacerdote [...] pero yo había venido a la Compañía de Jesús, Iglesia, nada más que para hacer su voluntad, fuese o no fuese sacerdote, estudiase Filosofía y Teología o no la estudiase.
Y entonces me acordé de la frase que había leído al llegar al noviciado, ‘hombres crucificados al mundo’. ¡Y encontré una paz tan grande! Pues si no sirvo para sacerdote, sí sirvo en mi pequeñez para servir a Cristo (4-IX-1990).
En cuanto al destinatario, Fernando Martín-Sánchez Juliá (1899-1970), ya vimos en el número de octubre su perfil humano y espiritual; ingeniero agrónomo y periodista; miembro fundador de la Confederación Nacional de Estudiantes Católicos y presidente de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas entre 1935 y 1953, cargo en el que sucedió a Ángel Herrera Oria. Fue redactor y consejero de El Debate, e impulsor del Colegio Mayor San Pablo CEU. Víctima de una enfermedad degenerativa, vivió gran parte de su vida en una silla de ruedas. Tiene abierta su causa de canonización desde 2011.
La carta está escrita en un cuadernillo sin membrete, en formato folio doblado, que consta de dos cuartillas rayadas3. Hemos respetado en lo posible su grafía y sus abreviaturas. Unos días más tarde le envió al propio Fernando el recordatorio de la ordenación y primera misa, que aquí reproducimos.




J.H.S.
Granada 21 abril 1942
Sr. Dn. Fernando Martín-Sánchez
Madrid
Mi querido Fernando:
Recibo tu carta del 9 en que me propones que sea “Promotor – Asesor” de la Comisión Asesora de la Sección Editorial que, por la misericordia de Dios, va adquiriendo desarrollo tan considerable. Con gusto aceptaría el cargo. Pero, enfrascado como estoy en los estudios, difícilmente me quedaría holgura para desempeñarlo con eficacia y poder ayudaros como quisiera. Por eso, después de pensado, prefiero dejarlo por ahora, no sin darte las más expresivas gracias por haberte acordado de mí.
Tengo que comunicarte una noticia que te consolará en el Señor. Antes de un mes seré sacerdote. El próximo 13 de mayo4 será el gran día de mi ordenación sacerdotal, tan suspirado desde hace ya más de 10 años. Y al día sig, el día de la Ascensión del Señor, diré mi Primera Misa. Cuenta con un “memento” especialísimo para ti y para todos los tuyos. Y con una de mis primeras misas para la A. C. N. de P. Pediré en ella que el Señor derrame en vosotros ese espíritu sobrenatural “que hará fecundas vuestras obras y agradables a los divinos ojos”. Faltaría a mi deber si no lo hiciese, dado lo mucho que debo a la Asociación y a los que la dirigieron y dirigen.
Alberto5 quería venir a compartir conmigo estas alegrías inefables de mi Ordenación y Primera Misa. Su deseo era venir con un grupo de confederales6. ¡Ojalá pueda realizarse el plan! Para mí sería de gran consuelo verlos reunidos a todos alrededor del altar ofreciendo conmigo el Santo Sacrificio.
Cuando vaya por Madrid creo que podré cumplir mi deseo de poder celebrar en tu oratorio y darte al Señor7. Ya te avisaría.
Pide al Señor por mí en estos pocos días que me separan del mayor acontecimiento de mi vida. Pide al Señor un sacerdote santo, que solo sepa vivir para las cosas del cielo, que solo piense en llevar a Cristo muchas almas; pide un sacerdocio ignacianamente fecundo a la mayor gloria de Dios.
Con el afecto de siempre, —mejor dicho, purificado y elevado sobrenaturalmente por la proximidad de un sacerdocio inminente— te saluda con todo cariño tu bien amigo,

Tomás Morales SJ.

Notas
1Agradezco sinceramente a los responsables del Archivo las facilidades prestadas para su consulta y publicación.
2Cf. J. del Hoyo, Profeta de nuestro tiempo, Madrid 2009, pp. 97 y 225-226.
3El código del documento es: ES.28668.AGACdP-CEU-N217-N498-C140-115-03/15. N.04.
4En 1942, por especial deseo de Pío XII, las ordenaciones sacerdotales se adelantaron a esa fecha, en la que él celebraba el XXV aniversario de su ordenación episcopal. Al día siguiente, jueves 14 de mayo, se celebraba la solemnidad de la Ascensión del Señor.
5Se refiere a Alberto Martín Artajo (1905-1979), figura señera de los Propagandistas, a quien F. Franco había nombrado presidente nacional de Acción Católica en 1940, y a quien nombraría ministro de Asuntos Exteriores el 20 de julio de 1945, cartera que desempeñaría hasta febrero de 1957, propiciando el concordato con la Santa Sede de 1953 y la primera apertura de España al exterior. Aunque T. Morales era tres años más joven que él, fueron muy amigos durante la etapa universitaria y mantuvieron una estrecha relación hasta la muerte de Alberto en 1979.
6Estudiantes Católicos de los años veinte, compañeros de Tomás en la Confederación de la Universidad de Madrid. Varios de los que formaron el grupo de amigos habían entrado en la Compañía de Jesús, entre ellos José María Díez-Alegría y José María de Llanos.
7Fernando Martín-Sánchez, dadas sus limitaciones físicas, había solicitado y conseguido el permiso para tener un oratorio privado en su casa.

Pero casi siempre

“Podemos hacer lo que deseemos
si lo intentamos lo suficiente”

—Helen Keller—

Un joven estudiante de la universidad de Stanford en California, se presentó a solicitar un trabajo.
Mire usted, le dijeron, el trabajo consiste en mecanografiar estos doscientos folios, ¿acepta usted?
El muchacho dijo que sí, pero que empezaría el miércoles. Llegado el momento, cuando le entregaron el trabajo, le preguntaron:
Oiga, ¿por qué quiso usted empezar el miércoles en lugar de hacerlo el lunes?
Muy sencillo —repuso el joven—. El lunes estuve muy ocupado tratando de alquilar una máquina de escribir, pues yo no la tengo. Todo el martes estuve aprendiendo a manejarla, ya que nunca antes había escrito ni una línea. Por eso me presenté el miércoles.
Aquel estudiante era Herbert Hoover, el mismo que una vez investido presidente de los Estados Unidos dijo: Querer es poder.
Cuando una persona pone todas sus fuerzas en alcanzar una meta, es mucho lo que se puede esperar de ella. El “haz lo que debes y está en los que haces” es camino de eficacia. Y ese camino se anda con el optimismo. Ningún pesimista ha descubierto el secreto de las estrellas, ni ha navegado por los mares desconocidos, ni ha abierto una nueva puerta a la esperanza, ni ha experimentado el influyente poder de la sonrisa.
Ilustración: Juan Francisco Miral
Una voluntad decidida (querer) con una actitud positiva (poder) hacen brotar de lo más profundo del alma humana esa fuerza arrebatadora que nos hace afrontar los retos, levantarnos después de caer una y otra vez, luchar por una causa justa o necesaria, no perder nunca la esperanza, perseverar en el propósito, ser consecuentes con nuestros valores, poner al mal tiempo buena cara, trabajar sin descorazonarnos por un futuro mejor, avanzar sin miedo aunque nos rodeen tinieblas y celebrar y agradecer cada instante de esta vida nuestra que, aunque rodeadas de espinas, nos ofrece rosas por doquier.
¡Querer es poder!, reza el dicho popular que a veces escuchamos en boca de aquellos que nos aprecian para darnos aliento frente al reto o la adversidad. Más hace el que quiere que el que puede, es el argumento que a menudo pretende explicar cómo alguien ha logrado algo que parecía imposible dadas sus facultades, condiciones o circunstancias.
La fuerza de voluntad, la fe y no tener miedo a fracasar son, en muchos casos, la clave del éxito incluso en las condiciones más adversas. Y esta clave, normalmente, podemos sacarla a relucir cuando queremos.

No siempre, lógicamente, podemos todo lo que queremos, no siempre. Pero casi siempre.

En cada confesión Él echa sobre mis miserias indignas el rico manto de sus misericordias (1)

Tres Anécdotas del P. Morales sobre la confesión

1. ¿No hay otro remedio?
Recuerdo una de las cosas que más me impresionó recién ordenado sacerdote: me mandaron a confesar a una residencia de cierta ciudad de España y se me presentó allí una mujer de treinta y dos años que acababa de enviudar y se había quedado con cinco o seis hijos y era muy pobre, y esta pobre señora de gran fe me decía después de contarme sus cuitas en la confesión: Padre, ¿pero es que no hay otro remedio para ir al cielo que sufrir? Y a mí no se me ocurrió decirle nada, sino simplemente: ése fue el camino que siguió Jesús. Y parece que se quedó muy conforme 2.
2. Una molécula de Dios
Salí un día de la casa de ejercicios de Chamartín y me meto por Arturo Soria. Me meto en una bocacalle y siento que viene siguiéndome los pasos una persona. Y digo: bueno, vete tú a saber quién es. Y resulta que esta persona, que era un barbudo con gafas, un intelectual o qué se yo, me dice que quiere confesarse. Esto es histórico. Se confiesa allí (no había mucha gente en la calle) y luego me dice:
Padre, usted es una molécula de Dios.
—¿Por qué dice usted eso?
—Porque es usted sacerdote.
—Pues usted también es sacerdote por el Bautismo.
Se me quedó mirando y me dijo:
—Entonces yo seré un átomo de Dios.
—No es que será, es que es. Acuérdese de san Pedro en la primera carta: bautizado, raza real. Cuando vaya usted a su casa, como tendrá Nuevo Testamento, relea esto. Y así como nos hemos encontrado por chiripa aquí en la tierra, que nos encontremos en el cielo 3.
3. La paciencia del confesor

Por la oración de presencia vives con una vida —no es la tuya claro, sino la de Él en ti— que a ti mismo te llena de admiración. Lo que le pasaba a una que se admiraba de que tuviese mucha paciencia un confesor con ella: Pero qué paciencia tiene usted, que siempre vengo con las mismas y siempre está usted tan tranquilo. Y entonces el otro le dice: Más bien qué paciencia tiene Él en mí. Claro, aquí está la unión amorosa con Jesús 4.


Los laicos y la confesión
En la confesión Dios tiene una alegría tan grande en perdonarte, tú te quedas tan maravillosamente satisfecho, que ardes en deseos de que todos lleguen a confesarse. Porque ¿de qué sirve que estén todos los sacerdotes del mundo metidos en su confesonario si no hay laicos que comunican a los demás uno a uno la alegría de la reconciliación con Cristo?

Notas:

1 Ejercicios Espirituales a los Cruzados de Santa María (EEC), 1975, Santibáñez de Porma (León).
2 EEC, 1968, Ejercicios de mes.
3 EEC, 1988 (Javier del Hoyo, Profeta de Nuestro Tiempo, 2ª ed., p. 464).
4 EEC, 1980, Santibáñez de Porma. 

martes, 1 de diciembre de 2015

La misericordia: el más bello nombre

Portada Estar 295
En su Diario del alma, Juan XXIII, el papa buono, como cariñosamente lo llaman los italianos, escribe: la misericordia es el más bello nombre de Dios, la manera más hermosa de dirigirnos a Él.
En el discurso de apertura del concilio Vaticano II (11 octubre 1962) dijo que la doctrina de la Iglesia es conocida y está ya fijada. Que la Iglesia tiene un cuerpo de doctrina con el que ha resistido los errores de todas las épocas y a menudo también los ha condenado, en ocasiones con gran severidad. Hoy, en cambio, la esposa de Jesucristo prefiere emplear la medicina de la misericordia antes que levantar el arma de la severidad.
San Juan Pablo II desarrolló y profundizó lo sugerido por Juan XXIII. Este papa conoció en su propia carne la historia de sufrimiento de su/nuestra época. Su inconmensurable actividad estuvo valorada por el testimonio de su sufrimiento personal, el más elocuente documento que nos dejó.
En Dives in misericordia (1980), Juan Pablo II se ocupó del tema de la misericordia a la que caracterizó como el mayor y más elevado atributo de Dios y la define como la perfección divina por antonomasia.
Para el actual pontífice, papa Francisco, la misericordia es como la “viga maestra” de la iglesia. Y, quizás por eso, decide convocar el Año Santo de la Misericordia desde el 8 de diciembre de 2015 al 20 de noviembre de 2016.
Al convocar este Año Santo nos dice: La Iglesia está llamada a ser el primer testigo veraz de la misericordia, profesándola y viviéndola como el centro de la Revelación de Jesucristo.
Y nosotros, concretando esa fe responsable que nos inculcó el P. Morales, ¿qué podemos hacer por/para/ en el año de la misericordia? Acogernos a la Madre.
Como dice el cardenal Walter Kasper: María refleja el encanto de la misericordia divina y muestra el resplandor y la belleza que, proyectándose sobre el mundo desde la graciosa misericordia de Dios, todo lo transforma (La misericordia. Ed. Sal Terrae. Santander 2015. Pág. 210).
Así, aportando nuestro punto de luz misericordioso, podemos calentar este mundo nuestro, a menudo oscuro y frío, en algo más acogedor, algo más luminoso, algo más entrañable, como corresponde a quien tiene una madre, María, que es espejo concreto y realización especial de la misericordia divina.
Comienza el Año Santo de la Misericordia. Bajo el manto de María y cogidos de la mano del Papa, aportemos nuestro granito de arena predicando con nuestras vidas que la misericordia es el más bello nombre de Dios y la viga maestra de la Iglesia