sábado, 1 de abril de 2017

Un poco: 100 años

Cubierta Estar 303
A Lucía, cuando tenía diez años, se le aparece —junto a sus dos primos, Francisco y Jacinta— la Virgen en Fátima (Portugal). En una de las apariciones, Lucía le pregunta a la Virgen si sus primos irían pronto al cielo; la Virgen le dice que sí.
—¿Y yo? —Preguntó Lucía.
—Tú también, pero tendrás que esperar un poco, —le respondió la Virgen.
«Un poco», 88 años, pues Lucía murió el 13 de febrero de 2005 a los 97 años.
¿Qué ocurrió en Fátima para que los cuatro últimos papas hayan estado allí? El beato Pablo VI en 1967, san Juan Pablo II en 1982, 1991 y 2000, Benedicto XVI en 2010, y el próximo 12-13 mayo 2017, Francisco.
Han pasado ya cien años de aquel suceso; ¿qué ha ocurrido en ese «poco» tiempo? Aun siendo excesivamente sintéticos, podríamos resumir el «fenómeno» Fátima en las palabras del obispo de Leiria-Fátima, Mons. Antonio Marto, que pronunció el 27 de noviembre de 2016, al presidir la misa inaugural por el Año Jubilar del Centenario de las Apariciones de la Virgen de Fátima, donde afirmó que el mayor milagro no fue la «danza del sol», sino las conversiones que ocurren allí a diario y que suelen pasar inadvertidas.
El mensaje de Fátima es universal y asequible a todos porque invita a santificar el día a día, por eso Mons. Marto exhortó a vivir el Año Jubilar del Centenario de las Apariciones con alegría y esperanza y como un tiempo favorable de acción de gracias por el don de la visita y del mensaje de la Virgen y por las gracias recibidas.
Lo importante de Fátima no son las profecías ni el secreto, sino la conversión personal, la oración, la penitencia, el compromiso misionero de compartir el Evangelio. Lo principal que debe demostrar la persona que se interesa por Fátima no es una atracción morbosa por el «misterio», o detalles e interpretaciones sobre la tercera parte del Secreto, sino una transformación espiritual: Que se note que has oído hablar del mensaje de Fátima por tu vida de oración y penitencia (Jaime Vilalta Berbel).
Esta llamada a la perfección personal en la vida ordinaria, quizás sea la principal razón para la sintonía especial que existe entre Fátima y la Cruzada-Milicia, como se cuenta en varias colaboraciones de este número.

Aquel lugar desconocido de Portugal, donde en 1917 ocurrió aquel acontecimiento protagonizado por tres niños pobres y sencillos, se ha convertido inexplicablemente en uno de los mayores santuarios marianos del mundo, que atrae a millones de peregrinos de todo el planeta. Y esta inexplicable transformación ha ocurrido, según los cálculos divinos, hace poco: 100 años

viernes, 17 de febrero de 2017

Apóstol de la Misericordia

Separata Estar febrero 2017
La revista Estar quiere homenajear a Abelardo de Armas, apóstol de la Misericordia, en el día de su cumpleaños, con esta separata donde se recogen las artículos que Bienvenido Gazapo ha ido publicando en Estar, desde febrero  a diciembre del 2016, año de la Misericordia.


miércoles, 1 de febrero de 2017

Las TIC ¿Libertad o esclavitud?

Portada Estar nº 302
Hasta hace pocos años, nadie tenía móvil, iPad, portátil, GPS, PlayStation, televisión digital, internet, ni nada parecido. Y, sin embargo, aun habiendo menos medios de comunicación, el trato con la gente era mucho más abierto. La tecnología nos hace libres, pero también nos hace esclavos de ella.
Es apasionante ver los avances tecnológicos del mundo, ver cómo estos medios de comunicación te permiten, de repente, no tener fronteras ni censuras, te abren a un nuevo mundo. Sin embargo, no deberíamos descuidar otra serie de valores, como el seguir abiertos a las personas que tenemos más cerca, y no cerrarnos a un trato directo con la gente. Nos hemos hecho dependientes de esta tecnología, y ya no se puede ir para atrás. Desde luego, ya no podemos vivir sin ella y, sin embargo, hay que intentar ser libres a pesar de ello.
La tecnología, más que una herramienta se ha convertido en el estilo de vida de todos los integrantes de la sociedad; es más una necesidad diaria que una forma de ayudarnos a obtener una vida menos complicada.
La Iglesia está entrando en el complejo mundo de internet de forma decidida y creciente en diversas lenguas. Propiamente, habría que decir que más que las iglesias, como organizaciones, son los propios fieles los que han encontrado en las plataformas TIC un espacio para compartir y multiplicar el mensaje que profesan en sus diferentes cultos.
Que la religión está empezando a salir de los templos, es una realidad que se afianza cada vez que cualquier usuario inicia sesión en alguna plataforma TIC. Más específicamente en redes sociales. Las religiones y las TIC han cruzado sus caminos a partir de un concepto: la divulgación.
Benedicto XVI anunció su decisión de convertirse en papa emérito mediante un tweet. Toda una novedad. ¿Por qué anunciar una decisión tan crucial mediante un medio que se puede considerar nuevo, como una red social? La respuesta llegó con el correr de los meses: propagación.
Estos cambios de paradigma, sumado a la positiva incursión del papa Francisco en redes sociales como Twitter, han significado para la Iglesia católica una forma de acercamiento constante con el mensaje evangelizador actual.
El papa Francisco, en diversas ocasiones, alabó el uso de las nuevas tecnologías, aunque advirtió de algunos peligros que conllevan, como «exclusión» y «la manipulación».
No tengan miedo de hacerse ciudadanos del mundo digital, insiste el papa Francisco a la Iglesia, afirmando, incluso, que internet es un don de Dios, en su mensaje para la Jornada de las Comunicaciones Sociales en 2015.
Las TIC, es evidente, tienen intrínsecos valores antagónicos: ¿liberan o esclavizan? Las dos cosas. ¿Entonces? De cada uno depende.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Libro de villancicos II

Les ofrecemos en formato pdf el Libro de villancicos II entregado con la revista Hágase Estar 301 de diciembre de 2016.

Si lo desean adquirir en papel pueden hacerlo llamando al tfno. 91 543 70 00 o por e-mail: administracionestar@gmail.com. El precio es de 2€/ejemplar.

Libro de villancicos II


Apóstoles de barrio. Ser buenas personas, ¿solo?

Portada Estar nº 301
El Concilio Vaticano II en la introducción al decreto sobre el apostolado de los seglares, en el capítulo I, nº 2, dice: La vocación cristiana es vocación al apostolado, el cual la Iglesia ejercita por medio de todos sus miembros. Es en el mundo donde los seglares están llamados a ejercitar su apostolado.

En la actualidad, quizás por la audacia de los enemigos y el encogimiento de los amigos, vivimos en una cultura descristianizada, en un ambiente impregnado de antivalores que contradicen frontalmente el Evangelio. Estamos inmersos en una sociedad que ha experimentado un cambio histórico-cultural profundo, provocando una crisis de valores ético-morales, y la consiguiente crisis en el ámbito familiar, laboral, social, político, económico, así como en la pseudovivencia de una fe no comprometida y la superficialidad en el obrar humano.

Crece la deshumanización de la persona y de las estructuras, la pobreza, la injusticia social, el desempleo, la violencia y los ataques a la vida. Se promueven la anticultura de la muerte, una sexualidad irresponsable y permisiva y un hedonismo exacerbado.

En este panorama, la presencia activa de los laicos en el mundo es indispensable. Su protagonismo exige la participación de manera decidida en todos los campos: la evangelización, la promoción humana, la inculturación del Evangelio. Su tarea primordial e inmediata consiste en vivir todo el Evangelio a partir de la opción por los pobres, y aplicarlo desde el amor, la familia, la educación, el trabajo, la enfermedad… hasta la política, lo social, la cultura, la ciencia, la comunicación, pues toda realidad del ser humano, está abierta a la evangelización.

Poco a poco los laicos bautizados se están haciendo más conscientes de su labor y de su responsabilidad; viven y afrontan su realidad con un mejor criterio cristiano. Empieza a renacer una mayor organización, participación y compromiso de los laicos como miembros activos de una Iglesia renaciente. Asimismo va creciendo lentamente el número de laicos que, por vocación cristiana, participan en la acción política y social.

Los laicos han de vivir la fe con autenticidad y convicción, como en la Iglesia primitiva, movidos por la pasión de seguir a Cristo. Este es el laico que tiene que estar en el horizonte de la Iglesia.

Vivimos en un momento coyuntural en el que no basta con ser buenas personas; es necesario, en expresiones del papa Francisco, colocarse las zapatillas, dejar de balconear, mancharse con el barro del camino, salir a las periferias y convertirnos en apóstoles del barrio.

sábado, 1 de octubre de 2016

Allá por 1966

Portada Estar nº 300
El nº 1 de la revista Estar apareció en mayo de 1966, escrita a máquina y con 17 páginas, tamaño folio en horizontal. Se abre la revista con un original editorial, JUSTIFICACIÓN:
Un título siempre es algo importante. A no ser que se enganche frívolamente la primera palabra que viene a la cabeza, el título de una obra, de una revista, de un libro, siempre da mucho que pensar. Se trata de sintetizar en una o dos palabras todo el espíritu que anima a todos los colaboradores. Una palabra que dé la tónica a todo lo que se publicará en el futuro, algo así como la nota inicial de una melodía que obliga a los demás a relacionarse con ella.
Y continúa, durante dos páginas, dando razones de por qué se escogió ese nombre; acaba la Justificación diciendo: Por eso el Estar de María nos ha parecido el lema idóneo de nuestra revista. Un lema que hay que realizar, que supone una tensión continua para permanecer en él.
Esa tensión ha estado presente en todos los cambios y modificaciones que, inevitablemente, tienen lugar en un vivir de cincuenta años, y, aunque sea a riesgo de simplificar mucho, podríamos decir que, en las páginas de Estar, se reflejan las notas educativas de la Cruzada-Milicia: mística de exigencia, espíritu combativo, cultivo de la reflexión y educación de la constancia.
Leyendo las experiencias narradas en la larga vida de la revista, encontramos, entre otras cosas, reflejos del brioso carácter del fundador de la Cruzada-Milicia, P. Tomás Morales, en las anécdotas narradas hablando de la exigencia, la autoexigencia, el compromiso.
Cuando uno ojea esos relatos se acuerda de Antoine de Saint-Exupéry: una civilización se apoya en lo que exige a sus gentes, no en lo que les proporciona.
Se ve cómo a lo largo de los años, Estar propone razones a los padres para que eduquen a sus hijos en la generosidad y el desprendimiento, porque el joven que no aprende a dar, pronto se convierte en exigente defensor de sus caprichos.
Se ve también cómo a través del tiempo, la revista sigue animando a ser almas de grandes deseos, que decía santa Teresa, porque un deseo ardiente de ser y de hacer es el punto de partida desde el que el soñador (educador) debe lanzarse.
La revista comenzó siendo una recopilación de testimonios y vivencias apostólicas; pasó por varias etapas y, actualmente, mantiene ese tono vivencial además de atender al aspecto formativo que nos ilumina para dar razones de nuestra fe.

Hace ya cincuenta años. Y se han publicado 300 ejemplares de la revista Estar. No es ni mucho ni poco tiempo, no es inmovilismo ni revolución esnobista, es una ilusión hecha realidad que comenzó hace ya cincuenta años, allá por 1966.

Un toque de atención a nuestras conciencias con ocasión de los 500 años de la muerte de El Bosco

Uno se puede preguntar: ¿cómo es posible que pueda resultar bello algo que, en su apariencia externa, está construido con imágenes desagradables o incluso grotescas? No nos cansaremos de repetir que la belleza es el esplendor de la verdad. Que es la verdad el aval de la belleza. Y que, en ocasiones, al artista no le queda otro camino para llevarnos al asombro que romper los estereotipos, para que comprendamos la monstruosidad existencial o moral a la que nos hemos, rutina tras rutina, acostumbrado y así dejar de ver como natural lo aberrante.
Voy a intentar explicarlo comentando la obra Cristo con la Cruz a cuestas, una de las 65 expuestas en el Museo del Prado.
La obra nos presenta un abigarrado conjunto de rostros, separados por el travesaño de la Cruz, en el que se apoya la cabeza de Cristo. Vemos a una muchedumbre de seres grotescos que van junto a Cristo, la mayoría sin enterarse, y siguen la misma dirección, no el mismo camino. También ellos van hacia la muerte.
Cristo con la Cruz a cuestas (El Bosco)
Museo de Bellas Artes de Gante, (Bélgica)
La dulzura del rostro de Cristo, y su silencio y concentración en su interior, contrasta con el bullicio de los personajes que le rodean, rostros deformes de miradas crispadas y bocas entreabiertas, desdentadas, repulsivas y violentas, o encendidas en sensualidad y orgullo. Embrutecidos, han convertido en norma de sus vidas el ejercicio de todas las pasiones.
Como en El retrato de Dorian Grey, no se refleja la edad o, de manera realista, sus facciones. Se nos hace evidente el horror de unas almas pervertidas. Vemos los estragos del pecado, la corrupción del hombre y las consecuencias de su alejamiento de la senda del bien. No hay perspectiva ni planos que organicen la escena. Son cabezas yuxtapuestas y superpuestas que caminan junto a la cruz, pero sin enterarse de nada y, lo que es peor, sin aprovechar los frutos que la muerte de Cristo traía a la humanidad. Pasan junto a Cristo, pero espiritualmente van en dirección opuesta. Son causa de su muerte y van hacia la muerte, pero ajenos al milagro maravilloso de la redención.
Sus rostros se han convertido en muecas deformes, llenas de ira, maldad, rabia, y hasta desesperación. Sus caricaturas son verosímiles, pero no por su realidad corporal, sino por el verdadero estado de sus almas. El pintor las ha despojado del velo de las apariencias y, como en el cuento del rey desnudo, nos permite contemplar la verdad de sus almas.
Un rostro distinto confirma la interpretación. En la esquina inferior izquierda, una joven de rostro afable y recogido, sale del atropello de la escena encendida de paz, lleva en sus manos el paño en que ha quedado grabado el rostro de Cristo. Es la Verónica, en ella se confirma que solo en Cristo se explica el misterio del hombre. No sigue la marcha ciega del tropel. Se aleja de Cristo y, sin embargo, es la única que sigue a Cristo.

A primera vista el cuadro puede parecernos desagradable. Cuando descubres que el pintor lo que pretende es zarandearnos para que nuestro rostro refleje que podemos ser imagen de Dios, entonces el cuadro me emociona. Lo feo se ha transformado en hermosura.